View Full Version: La Leyenda De Las 3 Esencias

Pokexperto > Fan Fiction > La Leyenda De Las 3 Esencias



Title: La Leyenda De Las 3 Esencias
Description: Fanfic


Entrenador_Legendario - January 8, 2008 06:52 PM (GMT)
Bueno, he estado escribiendo un fic y me gustaria compartirlo con vosotros para ver que os parece. Aqui os dejo el capítulo 1.

Capítulo 1: La fiesta del Solsticio de Verano


Un sol anaranjado tocaba el mar de Isla Canela, el día tocaba a su fin y con los últimos rayos de sol se estaban encendiendo las farolas y las luces que alumbraban el lugar. Muchos turistas se habían reunido en la isla para la ocasión. No era extraño ver al anochecer niños y abuelos pasear juntos para ver los distintos espectáculos que animaban las noches en la Isla. La plaza que estaba delante del centro pokémon había sido decorada con multitud de luces y globos para dar la bienvenida al solsticio de verano. Todo era fiesta y alegría. En toda la isla se podía oír la música y el ambiente que empezaba con el ocaso. En el centro de la plaza, un gran pájaro de fuego servía de decoración. Entre el escenario y las fachadas de las casas se había provisto globos y luces de muchos colores. La música sonaba y la plaza entera era escenario para los cientos de personas de la isla y turistas que allí se reunían. El centro pokémon estaba abierto pero era tan sofocante el calor de la noche que todos estaban fuera divirtiéndose. Tan sólo la enfermera Joy permanecía dentro por si había cualquier emergencia. Junto con la música y el humo, el buen olor de la comida impregnaba el aire. Había puestos de perritos calientes, hamburguesas, refrescos, golosinas con formas de diversos y raros pokémon, incluso había un puesto donde se vendía galletas lava y otros snack para los pokémon. Todo era diversión y alegría. El verano llegaba y tanto los humanos como los pokémon se divertían para celebrarlo.

En unas calles más al norte, todo era más tranquilo. Pareciera como si nadie más hubiera en la isla, las casi desiertas calles del resto del pueblo estaban en penumbra. El gimnasio pokémon estaba cerrado. Nadie trabajaba esa noche. Todos habían acudido a la fiesta del Verano. Todos, excepto un niño de 12 años.

En la Mansión Pokémon sólo se alcanzaba a oír los lejanos ruidos del festival. Dentro, el niño entrenaba con su pokémon.

- ¡Muy bien Flareon, ahora, acaba con él!, ¡¡At. Rápido!!
- ¡Flaar!

Una embestida y el raticate cayó. El niño corrió a por su pokémon.

- Sí, Flareon, ha sido un buen trabajo. Mañana continuaremos ¿vale?
- ¡Flareon!

El pequeño pokémon se acorrucó entre los brazos de su entrenador cuando éste lo abrazó. Había terminado otro más de los numerosos días de entrenamiento de Flareon.

- ¿Te gustaría ir a la feria de la isla, Flareon?
- ¡Reon! – dijo el pequeño pokémon que no se podía estar quieto por la
emoción. Flareon iría con su entrenador a la feria. Nada hacía más feliz al pokémon de fuego que compartir momentos con su entrenador. No le importaba si para ello tenía que entrenar largas horas. Sólo quería estar con Rai.
- Pues venga, apresurémoslo, Flareon. JoseMa y Andrés ya deben estar
allí.
- ¡Fla! – Asíntió el pokémon.

Rai llevaba a Flareon en brazos por las oscuras calles del pueblo sólo
alumbradas por la luz de las farolas. Sin embargo, no les era difícil llegar hasta la plaza del centro pokémon, sólo tenían que ir a donde estaba la música que aún se oía lejana. Cuando pasaron por delante del gimnasio de Blaine Rai se detuvo:
- Mira Flareon, hace ya semanas que vencimos al Magmar de Blaine.
¿Sabes? A veces pienso que tú y yo podríamos …

No hacía falta que Rai acabara la frase para que su pokémon la entendiera. El sueño de Rai siempre había sido ser lider de un gimnasio pokémon. Un gimnasio como el de Blaine. Se imaginaba con Flareon derrotando a miles de aspirantes. Él y Flareon lo conseguirían, no sabía si antes o después pero sabía que un gran futuro le aguardaba a su pokémon de fuego.

- Siempre estaremos juntos ¿Verdad Flareon?
- ¡Flaaaaa! – Dijo alegremente el pequeño pokémon de fuego.

En la plaza, JoseMa se había detenido justo delante del puesto de perritos calientes

- ¡Qué aroma!, bueno, tenemos que esperar a Félix ¿no?. Yo voy a cenar,
no sé ustedes, pero yo eso de esperar con el estómago vacio…
- jeje, que razón llevas JoseMa, pídeme a mí otro. Charizard y yo tenemos
hambre – respondió Andrés
- Aquí tienes, uno para ti y dos para mí.
- Que ambicioso eres JoseMa, con uno vale tio – agregó Andrés con un
poco de sufrida desesperación
- Ay que ver que te lo crees todo – respondió JoseMa – Habrá que
comprarle la cena también a Rai ¿no crees? Él y Flareon no tardarán.

Mientras los dos amigos buscaban un lugar donde sentarse tranquilamente y
cenar, la estatua que había en el centro de la plaza captó su atención. Era un gran pájaro pokémon. Seguramente muy poderoso.

- ¿Qué pokémon será ese JoseMa? – preguntó Andrés observando un
banco que había justo debajo de la estatua – Esta cosa no suele estar aquí, parece que la han puesto por la fiesta. ¿Qué crees que puede …
- Es un Moltres – se apresuró a decir JoseMa. ¿Acaso no conoces al pájaro
legendario de tipo fuego?
- Pues …
- Está claro que no – dijo JoseMa – Mira, creo que deberías estudiar un poco más. En Kanto hay tres pájaros legendarios. El pájaro del fuego, el del trueno, y el de …
- ¡¡¡kaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! – Un pikachu había caído desde el ala de la
estatua justo sobre el perrito caliente de JoseMa cubriéndolo todo de mostaza. No se podría saber quien estaba más amarillo, el pikachu o JoseMa.

Esto era ya demasiado, era soportable que sus amigos no tuvieran nociones
básicas sobre leyendas de pokémon, pero este accidente había colmado su paciencia.

Pikachu salto al suelo, se sacudió la cabeza y corrió hacia los pies de un niño de 5 años.

- ¡Pero Tyson!, ay que ver como te has puesto. Mira nada más. Te lavé
ayer mismo verás cuando te vea mamá. Te ha dicho mil veces que no me puedes dejar sólo e irte a subirte por todos lados.

JoseMa ya se estaba volviendo de un color más anaranjado. Estaría totalmente
rojo si no fuera por toda las mostaza que tenía en la cara y en la camisa.

- ¡¡¡Esto es lo que no hay!!! . Pídeme perdón, exijo perdón y otro perrito
caliente totalmente sabroso y delicado.
- Anda – suspiró el niño – No me digas que has estropeado la cena a
JoseMa.
- ¿Estropeado la cena?. ¡Mira como me ha puesto tu pikachu! ¡A ver
cuando aprendes que no se pueden tener así a los pokémon. Si no eres capaz de controlarlo tu mismo, lo metes en una pokéball!, que para eso la inventaron – dijo un enfadado JoseMa.
- Está bien Tyson, será mejor que regreses
- ¡Pika!
- No te preocupes JoseMa, ya sabes como es mi pikachu. Ahora mismo te
compro tu cena. Y de paso me compro la mía. Son las diez y media y aún no he cenado.
- Así me gusta – agregó JoseMa, algo más tranquilizado mientras se
limpiaba la mostaza que le quedaba en la cara.
- ¡Eh! Ahí viene Rai, trae a Flareon en brazos – dijo Andrés
- Uf, seguro que se han artado de entrenar. Todos los días lo mismo –
señaló JoseMa
- Ya sabes como está con ese Flareon, quiere que sea el mejor – respondió
Andrés
- Hola chicos – Saludó Rai

Nisad regresaba con dos perritos y refrescos, saludó a Rai y Flareon
saltó al suelo corriendo hasta el banco donde estaban Andrés y JoseMa.

- Hola Rai, ¿Cenamos?. Te hemos comprado la cena y bueno, estábamos
hablando acerca de la leyenda de los pájaros. JoseMa nos estaba hablando acerca del pokémon de la estatua esa de ahí.
- Perfecto, Flareon y yo estamos hambrientos. Mirad, he comprado comida
pokémon, aquí tenéis.
- Gracias, Rai. Mira, le decía a Andrés, antes de que cierto pikachu saltara
sobre mi y …

Nisad se sonrojó un poco

- Bueno venga, cuenta JoseMa – interrumpió el pequeño.
- Sí cuenta, tengo entendido que hay un pájaro del fuego y otro del rayo,
¿no? – dijo Rai
- Es verdad, una vez me hablaron de Zapdos, ese es el que me gusta a mi
– dijo Andrés mientras devoraba su cena.
- Realmente son tres. Moltres, Zapdos y Articuno. Muchos dicen que son
leyenda aunque algunos dicen haberlos visto.
- ¿Articuno? ¿Un pájaro de agua? Que extraño es eso. Me gustaría verlo
- No seas ridículo, Rai. Articuno no es un pájaro de agua. Es el ave
legendaria de tipo hielo. Cuentan que vive en unas islas al Este de aquí – agregó JoseMa elevando un poco la voz pues era bastante complicado hablar en medio de aquel jaleo. La fiesta parecía estar animada pero los niños estaban tan absortos en su conversación que parecía como si no formaran parte de todo ese barullo.
- ¿Al Este?, ¿tan cerca? ¡Vamos a capturarlo! – dijo un impaciente Nisad
- Tu estás loco ¿no?. Contando con en el hipotético caso de que existiera,
Articuno podría matarnos. Es demasiado poderoso – contestó JoseMa
- En ese caso, podríamos ir a verlo. Sólo por curiosidad, no aguanto las
ganas de saber si es cierta o no la leyenda ¿No estás deacuerdo. Flareon?
- ¡Flareon!
- ¡Buena idea Rai, salgamos mañana mismo a explorar esas islas!
- Pues yo no voy. Ustedes no sabéis lo que decís. Es sólo una leyenda, y
aunque fuera verdad, yo no estoy preparado para enfrentarme a un pokémon legendario ¿Y si nos ataca? – dijo JoseMa
- Nah, no nos acercaremos. Además, según tú sólo es una leyenda
¿cierto?. Hágamos un día de excursión. ¿Te apuntas, Rai?
- ¿Qué opinas Flareon?
- ¡¡Flarr!!
- Perfecto, mañana mismo saldremos a esas islas. A las 6 de la mañana es
buena hora. Nos veremos en frente del gimnasio de Blaine.
- Sí, yo iré – dijo un entusiasmado Nisad.
- Estáis locos todos, yo ya os digo que no pienso ir, en fin, ya me
contaréis.
- Sí pero sólo iremos Andrés y yo. Nisad tu sólo tienes 5 años. Podría ser
peligroso – dijo Rai
- Sí, además, ni tan siquiera eres capaz de manejar a tu pikachu
- Sí soy capaz, que os creéis. Mañana mismo voy a ir a …
- A casa es a donde vas a ir tú. Venga que es tarde

La madre de Nisad había llegado al centro de la plaza. Nisad, callado, siguió a su madre hasta su casa. Tenía ganas de cumplir los diez años y ser un entrenador libre por fín. Como Rai, Andrés y JoseMa. Mientras se alejaba con sus padres miraba hacia atrás con ganas de ser como sus amigos. Andrés ya tenía 10 años y tanto Rai como JoseMa cumplirían 13 al finalizar el verano. Ellos eran entrenadores y mañana iban en busca de un pokémon legendario.

Cuando llegó a su casa. Nisad imaginaba cuantas cosas maravillosas haría con Tyson si tuviera 10 años. Cuantos lugares explorarían. En su habitación ingeniaba diversas formas de escapar e irse con sus amigos. Cada cual más irreal. Sólo tenía 5 años y su pikachu no estaba entrenado. Pero él tenía conocimientos, pensaba. Yo podría ayudar dándoles información a mis amigos. Seguro que ni saben el nombre de esas islas, pensaba. Nisad se durmió aquella noche, soñando con un futuro aún bastante lejano. Un futuro en el que se iba de aventura en busca del legendario pájaro de hielo con sus amigos.

A las cinco y media de la mañana un mensaje en la PDA despertó a Nisad.

“Hola, Me he enterado de que se van mi hermano con mi primo Andrés de aventura. Yo quiero ir pero no me dejan. Dicen que soy pequeña porque tengo 4 años. Prepárate. Coje tu Pikachu y prepara una mochila. Nos vemos tu y yo detrás del gimnasio de Blaine a las 6. Intenta bajar por la regadera de la ventana. No te retrases. Tenemos que llegar antes que ellos o nos pillarán”

Kaede Ariyoshi

Continuará …
Capítulo 2: Aventura Glacial

Entrenador_Legendario - January 9, 2008 10:05 PM (GMT)

Capítulo 2: Aventura Glacial

A los pocos minutos un joven salía del centro pokémon. Iba equipado con una mochila de color amarillo y naranja y una gorra negra. Vestía unos pantalones amarillos cortos, apenas le llegaba por las rodillas, y una camiseta roja con franjas también amarillas. Calzaba zapatos de montaña e iba provisto de un grueso cinturón.

Al mirar al cielo, el niño pudo comprobar que aún no había amanecido pero aún así, se dirigía con pasos cortos pero decididos a su destino. Había dormido en el centro pokémon de Isla Canela junto con los demás entrenadores pero parecía como si fuera el único que tuviera cosas que hacer a tan tempranas horas de la mañana.

Cuando llegó al gimnasio del pueblo se detuvo. Miró a su alrededor y comprobó que había llegado el primero. Satisfecho de haber logrado su propósito e aparecer el primero se giró y caminó hacia el puerto. Justo cuando ya se iba oyó una voz.
-¡¡JoseMa!!

En entrenador no pudo disimular una cara que denotaba disgusto.

- ¡Hey JoseMa! – dijo otra voz - ¿Tú también te vas en busca del legendario pájaro de hielo?, creí que anoche dijiste …
- Ya sé lo que dije – cortó – lo que pasa es que estuve pensando y bueno, conociendo a Rai, sé que aprovechará en la isla para cazar extrañas especies de pokémon.
- ¿Entonces vas con ellos? – Preguntó Nisad
- Eso, ¿vas con ellos?, a nosotros no nos dejan ir – agregó la niña
- Pues claro que no voy con ellos. Yo entreno sólo. Soy el rival de tu hermano, ¿entiendes?. No hace mucho que mi Venusaur perdió contra él y Flareon. He decidido remontar y lo haré solo.
- Entonces iremos contigo. La verdad es que eso de ir sólo con una niña no me agradaba mucho

Kaede miró a Nisad y éste no tuvo más que decir. La severa mirada que la niña de 4 años le había dirigido lo decía todo.

-A ver, Kaede. No se trata de que no quiera ir contigo. Lo que pasa es que Tylson y yo somos pequeños y … bueno … iríamos más seguros con JoseMa.
-De eso nada. He dicho que trabajo solo. Además, no pienso ir cargado con dos niños de parbulario. ¡Ni hablar! – Sentenció el entrenador.
-Mmm, bueno … Creo que a mi hermano le agradaría un poco de información acerca de los nuevos planes de JoseMa ¿No crees Nisad?

La cara del niño cambió. Lo último que quería era que Rai se enterara de lo
que tramaba. Provocar a su hermana no era una buena opción y lo sabía. Al ver que el comentario de Kaede había surtido el efecto deseado Nisad miró a Kaede.

-Esto, JoseMa, ¿Qué te parece si le decimos a Rai …?
-Está bién, podéis venir.

Los dos niños respiraron aliviados y alegres. A decir verdad, no tenían ni
idea de cómo iban a llegar a las Islas Espuma pero seguro que JoseMa tenía algún plan. JoseMa siempre solía tenerlo todo previsto así que sólo había que seguirlo. Con JoseMa, llegarían hasta el mítico Articuno.

-Está bién, podéis venir, sí, pero venga, vayámonos ya o nos verán.

Los tres empezaron a caminar hasta el muelle dejando atrás la oscura calle
del gimnasio. Tenían que apresurarse, en unos minutos Rai y Andrés aparecerían allí mismo.

Cuando llegaron al extremo donde la isla colindaba con el mar, JoseMa se detuvo. Cogió una de las 6 pokéball que llevaba en el cinturón y, al pulsarla, el tamaño de la misma aumentó hasta convertirse aproximadamente en una bola del tamaño de una pelota de tenis. La lanzó, y un resplandor rojo fluorescente tomó la forma de un lapras.

-Vamos – dijo – subid rápido o no llegaremos antes que ellos.
Seguramente irán volando en el Charizard de Andrés. Lo conozco y no querrán perder el tiempo navegando por el agua. ¡Nada rápido, Lapras!, tenemos que llegar a la Isla antes que Rai.

La brisa del mar y el frio de la mañana parecía entrarles por la nariz y llegarle hasta los pulmones al respirar. El olor a agua del mar y a salistre era intenso. El tamaño de Lapras impedía que se mojaran pero había cierto oleaje. No era raro que les salpicara agua aún yendo encima del pokémon. A medida que se alejaban del puerto hacia el mar, multitud de magikarps saltaban alrededor de Lapras como si quisieran acompañar a los niños en tan tempranas horas de la mañana hacía su destino. Un destino del que cada vez se hallaban más cerca.

En pocos minutos, dos enorme cuevas se levantaban ante ellos. Apenas había tierra o arena. Pareciera como si las Isla Espuma, su ansiado destino, sólo fueran esas dos cavidades en la roca. Únicamente existía la arena suficiente para desembarcar. Junto a la entrada había un cartel adherido a la roca que decía: “Islas Espuma, entrada Oeste”. Las cuevas estaban unidas en una sóla pero desde la entrada Oeste no se podía llegar a la otra por mar ni por arena. La única forma de llegar era atravesando una cueva que parecía tan profunda como peligrosa y oscura.

Cuando bajaron del pokémon el Sol ya aparecía por el Este de la Isla. Estaba amaneciendo.

-¡Lapras, vuelve!

El pokémon acuático regresó a su pokéball y los tres niños se apresuraron a
Entrar en la cueva.

-Mirad. – dijo JoseMa – Estas grandes rocas que hay por toda la cueva
nos ayudarán a ocultarnos. Por aquí podremos ir siguiendo, sin que nos vean, a esos dos cuando lleguen. Ya no tardarán.

El silencio reinaba en la húmeda cueva. En los más profundo se podía oír el
extruendo de una enorme cascada. Había agua, no hay duda. A los pocos minutos dos entrenadores también entraron en el mismo lugar. Avanzaban cuidadosamente observándolo todo. JoseMa, Nisad y Kaede los seguián escondidos por las piedras. Poco a poco la luz de la entrada se iba difuminando e iba desapareciendo y ante ellos, se abría una grande e inexplorada gruta con olor a salistre y donde, a medida que se iban adentrando, era más facil oir la cascada que había en el fondo.

Caminaron durante varias horas, parecía como si nunca acabara esa cueva. Anduvieron mucho tiempo observándolo todo, pero ni rastro del pájaro legendario. Al poco tiempo, un río subterráneo se ubicaba ante sus pies.

-Mira Rai. Hemos llegado a los más profundo de estas aburridas cuevas y
ni rastro del pokémon de hielo. Sería mejor que nos fuéramos antes de que se haga más tarde, tengo hambre.

Andrés parecía desilusionado. Había imaginado una aventura fascinante,
inolvidable, peligrosa, … y estaba resultando todo lo contrario.

-Ni hablar, Flareon y yo llegaremos hasta el fondo. Si en verdad aquí no
vive Articuno al menos pasaré un día de aventura con mi pokémon. Flareon ha estado trabajando muy duro y merece un poco de diversión.
-¿Diversión y aventura?. Por favor, Rai. Aquí sólo estamos nosotros.
Apenas han salido pokémon salvajes y los que hemos visto sólo eran absurdos y débiles zubar a quienes tu Flareon se ha cocinado a la brasa. Vayámonos, tengo frío.
-Ni hablar, mira si tienes frio acércate a Flareon. Él genera calor.
Ponte cerca de él.
-No sé como, Flareon de se separa de ti, Rai.

Rai le dedicó una sonrisa a su pokémon. Andrés tenía razón. Flareon no se
separaba nunca de su entrenador. Era su pokémon, es normal. Además, no había ningún pokémon a quien Rai quisiera más que a ese Flareon. No le importaba cuán poderoso era, era su amigo y su pokémon. Era difícil imaginar a Rai sin Flareon al lado. Eran uno.

-Bueno pues acércate a nosotros, estaremos mejor. Ya seguro que queda
poco para llegar. Mira Flareon, parece haber una isla allí en el centro del río.
-¿Reon?
-¡Venga, vamos!. Andrés, saca a tu pokémon de agua. Tenemos que
llegar hasta allí.

Cuando cruzaron el río un gran acantilado se levantaba ante ellos. Parecía
increiba que algo tan grande estuviera dentro de la cueva. No se alcanzaba a ver el techo de la sala. Las olas rompían ruidosamente a los pies del islote.

-Habrá que escalar. ¡Vamos Flareon!, ¡súbete a mis hombros!.

A Andrés no le apetecía mucho la idea de escalar pero sabía que había
llegado al final de la cueva. Si el pokémon legendario no estaba ahí arriba sencillamente no existía. Sería una de las tantas leyendas que se escuchan por Kanto.

Cuando subían, procuraban no mirar hacia abajo. Si caían, el golpe podría ser letal. Escuchaban las olas partir en la base del acantilado cada vez lejos conforme subían. De repente, un ruido les resultó familiar.

-¡¡¡Socorro!!!

Rai miró hacia abajo. JoseMa y Kaede sujetaban a Nisad para evitar su
caída. Venían escalando detrás. El ruido de las olas había impedido que los descubriera antes. El niño había resbalado y ahora luchaba por no caer.

-¡¡¿Pero qué..?!!
-¡No es el momento Rai!, ¡hay que ayudar a Nisad!, ¡Vamos!, ¡ahí va una
cuerda! – dijo Andrés.

Realmente estaba preocupado por su amigo. La cara de desilusión y
aburrimiento que había tenido ahora denotaba valor. Nisad agarró la cuerda. En cuestión de minutos, los 5 niños había llegado arriba. Cuando alzaron la visión, no podían creer lo que veían.



Continuará …
Capítulo 3: Luces de colores

Entrenador_Legendario - January 10, 2008 08:48 PM (GMT)

Capítulo 3: Luces de Colores

Los 5 niños estaban extasiados con la visión que tenían delante. Miles de cristales de hielo colgaban de la bóveda del techo. El suelo estaba cubierto de nieve y se podía contemplar el reflejo de los 5 niños por toda la gigantesca sala debido a los cristales que actuaban como espejos. Ya no se oían las olas romper en la base debido a la altura en la que se encontraban dentro del islote. Parecía como si miles de cristales y piedras preciosas adornaran el lugar. Todo era luz y brillo. En el centro de la sala, una magnífica escultura de hielo servía para dar sentido y coherencia a todo lo que adornaba alrededor.

- ¡¡Pero qué bonito!! – exclamó Kaede rompiendo el silencio que la sorpresa había producido en todos los demás.
- Sí, mira Flareon
- ¡Flarr! – exclamó el pokémon en cuyos grandes y alegres ojos se reflejaban los cristales de hielo.
- Ha merecido la pena venir, y mirad, parece una escultura del legendario Articuno.

JoseMa no se atrevía a abrir la boca. De un momento a otro se percatarían de que ellos no deberían estar allí. Prefería prolongar ese tiempo lo máximo posible.

-Sí, es grandiosa.

Flareon empezó a humesquear el lugar.

-Uf, estoy cansado, ¿Nos sentamos y descansamos aquí? En realidad sólo se trataba de una estatua de hielo pero esto es tan bonito que merece la pena quedarse un rato más. – dijo Andrés
-Sí, vamos Kaede. La escalada ha sido agotadora. ¡¡Eh!! … Un … momento. ¿Kaede?, ¿Nisad?, ¡¡¿JoseMa?!! ¡¡¡¿Qué significa esto?!!! - El tono de JoseMa se volvió de nuevo anaranjado. No abría la boca. – ¡¡Y no sólo vienes, que lo podrías haber dicho, encima te traes a mi hermana de 4 años y a un niño de 5!!.

Rai estaba enfadado. Se sentía traicionado. Andrés estaba tan cansado que todo lo demás le parecía indiferente.

-¡¡ JoseMa espero que me expliques…!!
-¡¡ Flaa, Flaa!!

Flareon parecía nervioso. Gritaba sin parar a la estatua. Su mirada había
cambiado. No se trataba de la alegre mirada de Flareon. Transmitía determinación, sabía lo que pasaba.

-No ocurre nada, sólo es cristal. Tranquilízate, Flareon

Pero no surtía efecto. Era la primera vez que el pokémon no se tranquilizaba
con la voz de su entrenador.

-Eh, Rai, espera … - Por primera vez JoseMa habló - ¡¡Vamos!! ,
¡¡tenemos que irnos de aquí!!
-Pero JoseMa …
-¡¡¡No hay tiempo que perder, sacad las cuerdas, hay que bajar!!!

JoseMa estaba nervioso. Pero, excepto él y Flareon, los demás no parecían
entender nada. Nisad, Kaede, Andrés y Rai rodeaban la estatua observando con curiosidad mientras JoseMa les gritaba.

-¡¡¡Tenemos que irnos de aquí!!!, ¡¡¡rápido!!!

Algo interrumpió a JoseMa. La estatua de Articuno empezó a resquebrajarse.
Se iba a desplomar de un momento a otro. Rai se alejo por el miedo. Por primera vez prestó atención al miedo que dominaba a JoseMa.

-¿Qué está pasando?, No entiendo nada.
-¡¡Es Articuno, Rai. Es Articuno!!

Desde el interior de la estatua un brillo empezó a dar tonos celestes al
pájaro antes helado. Entonces, el hielo se desplomó y Articuno abrió los ojos.

-¡¡¡Vamos!!!, ¡¡¡Apartaos!!! – Gritaba a Nisad, Andrés y Kaede que se habían quedado paralizados por el miedo.

Articuno blandió sus grandiosas alas de hielo y se incorporó con un grito
Ensordecedor. Al instante, los miles de cristales que adornaban el lugar empezaron a caer.

Flareon, al ver que Kaede y los demás estaban en peligro, se lanzó a combatir el hielo con un lanzallamas que derritió a un lingote que casi los aplasta. Los 3 niños parecían no darse cuenta de nada. Estaban paralizados, inertes.

De repente, una luz rosa fluorescente apareció donde Kaede tenía el corazón. Nisad estaba iluminada por una luz amarilla y a Andrés, rayos de luz azulada le brotaban desde el pecho.

Flareon se colocó entre su entrenador y Articuno, observándolo todo, preparándose para otro ataque.





Continuará …
Capítulo 4: No te mueras, Flareon

Entrenador_Legendario - January 11, 2008 03:45 PM (GMT)

Capítulo 4: No te mueras, Flareon

JoseMa y Rai no daban crédito a lo que veían. Las luces que brotaban de los 3 pequeños formaban un triángulo de color. Rosa, azul y amarillo. ¿Qué podía significar aquello? Estaban aterrados. Los tres pequeños parecían estar en medio de un trance que les impedía reaccionar ante lo que estaba pasando. Flareon miraba fijamente al pájaro de hielo.

Rai estaba muy nervioso. ¿Qué le estaba pasando a su hermana? ¿Y a sus amigos?. JoseMa tampoco parecía tener respuesta, pero su mirada no era la misma que la de su compañero. Había decidido luchar contra lo que fuera que estuviese pasando. Se podía leer en su mirada. Sin apartar la vista de Articuno sacó una pokémon y, al instante, un destello de luz tomó la forma de un arbok.

-¡Rai!, ¡Sea lo que sea a lo que nos enfrentamos, ahora, más que nunca, debemos estar unidos!

Pero Rai estaba muy confuso.

-¡Rai!, ¡Flareon espera tu orden para combatir!

Articuno lanzó un rayo de hielo que Flareon y Arbok esquivaron. La mirada
de Rai se volvió a centrar en el Articuno. Su mirada era confusa, insegura, pero tenía que luchar. Su pokémon estaba esperando.

-Está bien, aunque este sea el último combate del que salgamos con vida. Lucharemos. ¿Preparado, JoseMa?
-Preparado
-¡Bien!, ¡Flareon, ataque rápido!
-¡Arbok, deslumbrar!

Articuno fue paralizado al instante. Flareon corría hacia él siguiendo las
órdenes de su entrenador sin importarle a qué se enfrentaba. Aunque éste fuera su último combate Rai estaría orgulloso de él una vez más.

Entre Articuno y los dos niños, estaba el triángulo de color, Flareon corría a atravesarlo, pero entonces algo pareció surgir en el centro del triángulo formado por los rayos de luz que brotaban de los 3 más pequeños.

El espacio pareció quebrarse y un oscuro y siniestro túnel surgió desde la nada. Se podía ver monstruosas criaturas dentro del mismo. Gigantescas formas de colores parecían moverse dentro de ese misterioso túnel surgido de la nada. Parecían pokémon pero no se parecían a ninguno de los que los niños habían visto anteriormente.

Entonces, un rugido ensordecedor pareció manar de la gigantesca boca de una de las criaturas y el agujero empezó a succionar todo lo que había cerca. Piedras, hielo y demás partículas eran absorbidas hacia él.

Los tres niños parecían clavados en la tierra. No se movían a pesar de que el fuerte viento que parecía absorberlo todo hacia el agujero podría arrancar incluso árboles. El túnel parecía tener un final, al final de él, un paisaje nevado. Personas muchos mayores que ellos parecían como si combatiera en el otro lado de ese oscuro túnel. Rai y JoseMa luchaban agarrándose a todo lo que veían para no ser absorbidos. Estaban muy asustados.

Un frío seco brotaba del agujero y parecía rodear a Articuno. El pájaro, asustado, emprendió el vuelo hacia el exterior de la cueva.

JoseMa llamó a Arbok.

-¡¡Vamos Arbok!!, ¡¡Regresa, no puedo más!!. ¡¡Agárrate, Rai, no se qué
ocurre pero parece que tu hermana, Nisad y Andrés no corren peligro de ser absorbidos!!. ¡¡Vamos, llama a Flareon!!
-Tengo miedo, JoseMa
-¡¡Yo también, Rai, pero el agujero parece estar cerrándose!!. ¡¡Rápido,
llama a Flareon, pronto estaremos todos a salvo de ser absorbidos por esa cosa!!.
-Sí, hay que ser valientes. - Rai cogió la pokéball y llamó a su pokémon. -
¡¡Flareon!!, ¡¡Vamos, regresa!!.

Pero Flareon estaba dentro del triángulo de color y luchaba por agarrarse a cualquier cosa para salvar su vida. Con sus pequeñas uñitas arañaba las piedras con miedo de ser absorbido por ese misterioso túnel habitado por esas criaturas que tanto miedo le producían al pokémon.

-¡¡Flaaa…!!

El pokémon gritaba a su entrenador, como si suplicase su ayuda.

-¡¡¡¡Nooo!!!, ¡¡¡Vamos amigo, regresa!!! –

Rai apuntaba hacia él pero el viento era muy fuerte y no acertaba a su pequeño pokémon.

-¡¡Flareon, vuelve!!
-¡¡Flaaaa…!! – gritaba el pokémon pidiendo auxilio

Flareon no podía más. Miró con sus grandes y estrellados ojos a su
entrenador. No se forma seria ni dispuesto a luchar. En sus estrellados ojos se notaba la tristeza. Esa mirada la había visto Rai en su pokémon. Era una mirada con la que el pokémon de fuego parecía intentar decirle a su entrenador que lo quería, y que siempre sería así.

Flareon dedicó su ultima mirada de despedida y desapareció a través del túnel.

-¡¡¡¡Flareon!!!!, ¡¡¡¡Flareon!!!!, ¡¡¡No!!!, ¡¡¡¡Flareon!!!!. ¡¡Vuelve Flareon!!

Rai no podía creer lo que veía. Llamaba a su pokémon. Llamaba
insistentemente a su amigo.

-¡¡¡¡Flareon!!!!, ¡¿¿Dónde estás, Flareon??! - la voz de Rai parecía quebrarse - ¡¡Noo!! , ¡¡Flareon!! , ¡¡Regresa!!

El agujero se cerró.

Rai llamaba desesperado a su Flareon. Pero ya, sólo el eco de la cueva
recibía como respuesta. Entonces, las lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Rai. Unos ojos que buscaban a los de su pokémon. Tenía que ver los ojos de su pokémon. No. No podía haber ocurrido eso. Flareon no podía estar muerto. Su pequeño. Su pequeño que luchaba rasgando el suelo con las uñitas para sobrevivir. Su pequeño cuya última mirada había dedicado a su entrenador, a su amigo.

Las luces del triángulo se consumieron. El silencio se hizo. Donde antes había estado Flareon, ahora sólo había un Jynx.

Era el silencio. Sólo la voz de Rai se oía en la cueva.

-Flareon… no… ¡¡¡ Ayuda!!!

No le importaba nada. Sólo llamaba a su pokémon.

-Flareon… no .. no te mueras,.. no te m...m…mueras.

Rai, ya abatido, buscaba con su mirada por toda la sala. Gritando y llorando
a su pokémon. Buscaba su mirada, sus ojos que no eran más que grandes y vidriosos orbes ilusionados, chispeando con la luz de las estrellas que ya nunca más podrían volver a ver.

Rai se desmayó y perdió el conocimiento, dirigió su última mirada a la sala, donde ya jamás volvería a ver a Flareon. El niño comenzó un sueño, un sueño de dolor del que no quería volver a despertar.





Continuará …
Capítulo 5: Pueblo Aroma flor

Rai - February 26, 2008 01:55 PM (GMT)

Capítulo 5: Pueblo Aroma flor

Los rayos del Sol entraban por la ventana de la habitación como si de cuchillos dorados se tratara. En la pequeña habitación había una televisión provista de una pequeña y blanca videoconsola. Todo el suelo y las paredes eran de madera y el entorno parecía cálido. En la cama, un joven dormía. Permanecía tapado y sólo se le podía ver una cara que denotaba cansancio. Justo al lado de la cama había una mesa con un ordenador. En él, otro joven de unos 13 años permanecía ensimismado como si buscara alguna información muy valiosa.

Los párpados del entrenador se empezaron a mover. Cuando abrió los ojos pareció extrañado. Ese no era el lugar donde horas antes se había encontrado. La humedad y el frío de la cueva se habían transformado en calor y limpieza de las sabanas que lo cubrían en tal acogedora habitación. De repente, articuló con un hilo de voz:

-Fl..Fla..¿Flareon?
-¡Rai!, ¡Dios que alegría, por fin has despertado!. Creí que nunca más volvería a escucharte hablar – dijo Nisad que había dejado de lado el PC para atender a su amigo
-Es..tás m…mm..muy cambiado. ¿Cóm..mo es posible? Hace nada eras un p pequeñajo y m..mírate ahora.Yo también parezco hab..bb..ber crecido. ¿Qué ha pasad..do?
-Hmm … Entiendo. ¿No recuerdas nada verdad?
-¿Recordar que?¿Donde está mi Flareon? ¿Porqué estamos aquí? Recuerdo una cueva… sí, tu estabas allí, y kaede …
-Rai, escúchame – dijo el niño con un tono bastante serio – Tal vez te parezca que hace nada estuviéramos en la cueva pero… eso pasó hace ya 8 años

Rai no podía dar crédito a lo que escuchaba, en su interior sabía que Nisad podría tener razón pero… no era posible. Si había estado dormido 8 años… Sus pokémon, sus amigos,… cuantas cosas habrían cambiado.

– Mira Rai, ya no soy el niño a quien no dejaban ir de aventuras, ¿recuerdas?Todos hemos crecido. Tu has estado durmiendo pero mientras, han pasado muchas cosas. JoseMa está por ahí entrenando, Andrés ídem de lo mismo. Yo pasaba por casa a verte y de paso buscar información sobre EV´s,…. Pero espera, voy a avisar a todos, se pondrán como locos cuando sepan que por fin has despertado.
-No, Nisad, espera. Quiero que me expliques varias cosas antes. Ésta no es mi casa, ¿donde estamos? – Rai estaba muy confundido, casi temeroso por las innumerables dudas que perturbaban su cabeza.
-Sí, ésta es tu casa. Vivíamos en Isla Canela ¿Recuerdas?. Bueno. Hemos pasado por distintas regiones pero tú… bueno, seguías durmiendo. No recordarás nada de Johto ni de Hoen ¿me equivoco?

Rai parecía estar aún más confuso, las palabras de Nisad sonaban como temerosas. Como si temiera contarle algo. No obstante no parecía estar inventándose nada. Todo lo que decía parecía misterioso pero podría tener sentido. ¿Realmente había pasado tanto tiempo?. Las dudas de Rai iban creciendo a medida que Nisad hablaba.

-Pues, bien – prosiguió Nisad – Te encuentras ahora mismo en Pueblo Aroma Flor, en la región de Sinnoh. Aquí vivimos ahora. Bastante lejos de Isla Canela. A decir verdad, no podríamos llegar en barco hasta allí. Prácticamente no hay conexión entre estas dos regiones.
-Esto no puede ser, Nisad. Estoy muy confundido. Dices que han pasado años pero.., yo lo recuerdo todo como si fuera ayer mismo. ¿Que ha pasado con mis pokémon? ¿Quien cuidó de Flareon todo este tiempo?

Nisad guardó silencio. La pregunta que él temía que hiciera su amigo había llegado. No sabría explicarle a Rai todo lo ocurrido. Era demasiado doloroso para él recordarle que Flareon ya no estaba con ellos. Flareon llevaba 8 años muerto. Justo el tiempo que él llevaba dormido.

-Rai si te parece voy a llamar a los demas para que sepan …
-Nisad, dónde está mi Flareon – El tono de Rai parecía frio y cortante. Ya no tenía aquel tono tembloroso y lleno de dudas que había mantenido desde que despertó.
-¿Rai, no te acuerdas de nada verdad? – Nisad se volvió como si temiera mirar a los ojos de su amigo
-Por favor Nisad, dime si ha pasado algo con mi Flareon

Rai estaba muy serio, parecía temerse lo peor, Nisad no callaba así por cualquier cosa, siempre había sido muy claro en hablar. No sabía porqué él estaba dando tantos rodeos.

-Bien, supongo que tendré que ser yo quien te lo diga – Nisad respiró hondo y se dispuso a hablar sin apartar la vista del suelo de madera – Cuando hace 8 años fuimos de aventuras a las Islas espumas, allí ocurrió algo muy raro Rai. Realmente nadie sabe que fue exactamente lo que pasó. Sólo recordamos luces de colores, Articuno enfurecido y un ataque helado. Poco más. Ya sabes que Flareon era un pokémon muy valiente, se dispuso a luchar y …
-¿Era? ¿Por qué dices era? Querrás decir que és, ¿no Nisad? ¡¡Nisad!!
-Tranquilizate Rai , por favor
-¡¡¡No!!!, ¡¡¡No puede ser!!!. ¡¡¡Flareon!!!, ¡¡¡Flareon!!!, ¡¡¡Quiero ver a mi Flareon!!!
-¡¡Rai escúchame!! – sentenció Nisad – Sé como te sientes. Pero pasó. Ya han pasado 8 años y tienes que seguir adelante.
-¡¡No!! ¡¡No quiero pensarlo!!, ¡¡Mi pokémon!! ¡¡Mi Flareon!! …

Rai se hallaba sentado en la cama, desesperado por encontrar alguna negación en las palabras de Nisad, negación que no llegaba.

-Rai.. mira... Flareon está muerto. Tienes que aceptarlo. Fue terrible, lo sé. Pero sucedió así. La vida sigue. Piensa, eras buen entrenador, tienes que volver a ser el que eras…
-F..F..Flareon…mm..m..muerto…

Rai se desplomo en la cama. Miró hacia la ventana. Un hermoso paisaje con flores adornaba todo. Ciertamente ese lugar aunque nuevo para él era muy bonito. Pero Flareon… Una lágrima recorrió su mejilla. Flareon no vería nunca ese bonito paisaje, no podrían explorarlo juntos. Rai no tenía fuerzas para seguir. Cerró de nuevo los ojos y varías lagrimas empezaron a correr por su rostro.

-Por favor Rai. No te pongas así. Mira, podemos ir juntos. Todos están de aventuras. No saben que has despertado. Únete a mí. Te ayudaré a recordar. Recuperarás tu poder. Mira, he aprendido mucho durante este tiempo. EV`s, entrenamiento avanzado, … Si quieres puedo explicártelo todo para que vuelvas a ser el que eras, Rai.
-No te das cuenta ¿verdad?. Sin mi pokémon no quiero más aventuras. No quiero nada más. Vete sólo. Quiero que me dejes sólo Nisad – Los dos jóvenes no se atrevían ni a mirarse siquiera.
-Rai. No puedes estar llorando la muerte de tu Flareon toda tu vida.
-Por favor, no menciones más esa palabra.

Rai no parecía el mismo. El Rai decidido y entusiasmado de siempre parecía abatido. Desilusionado. La llama de entrenador que siempre había brillado en sus ojos estaba apagada.

-Rai, ven conmigo. Iremos de aventuras. Tienes que conocer toda esta Región, es preciosa…
-¡¡No quiero!! – dijo en un tono cortante – He dicho que para mí se acabaron las aventuras, se acabó el entrenamiento. ¡¡Vete!!. ¡¡Quiero estar Solo!!.

Nisad se levantó, miró por última vez a su amigo abatido y con paso tembloroso pero firme, se dirigió a la puerta y se fue. Nisad comprendía bien el dolor de su amigo. Se había ilusionado mucho por su despertar, pero ahora compartía su tristeza. Entendía a Rai. Necesitaba tiempo para asimilar todo lo que había pasado. Tal vez más adelante podrían volver a hablar. Cuando Nisad cerró la puerta, Rai escuchó el portazo desde su habitación, arriba de la casa. Viéndose sólo. Empezó a llorar, sólo y desconsoladamente, la muerte de su pokémon.



Continuará …
Capítulo 6: Kumiko Aya

Rai - February 29, 2008 12:06 AM (GMT)

Capítulo 6: Kumiko Aya

Por la ventana de su habitación, Rai pudo ver como el sol se ponía en aquel bonito pueblo de Sinnoh. No sabía porqué, pero necesitaba caminar, caminar durante unas horas para pensar y aclarar las dudas que tenía en su cabeza.

Se vistió, se puso un abrigo y salió de su habitación sin hacer demasiado ruido. Bajo por las escaleras y un delicioso aroma que provenía del salón pareció envolverle. Mamá estaba cocinando sopa para la cena. Rai recordaba a mamá desde el supuesto día anterior, antes de irse a las Islas Espuma. Pero según Nisad haría 8 años que su madre lo contemplaba dormido. Si lo veía, difícilmente podría escapar, y no le apetecía mucho quedarse en casa con toda la confusión que rondaba en su cabeza.

Así, se dirigió con silenciosos pasos hasta la puerta, pero entonces, una voz que le recordaba a la de Kaede le interrumpió.

-¡¡Rai!!, ¡¡Mamá, es Rai!! ¡¡Está despierto!!.

Kaede estaba en el salón y lo había descubierto. Rai se volvió, no con demasiadas ganas, a contemplar el crecido rostro de su hermanita. Kaede ya poco se parecía a la niña de 4 años que estuvo en la cueva. Era mucho más alta. Llevaba el pelo recogido y parecía tener la cara maquillada con una especie de estrellitas brillantes.

-Eh… Hola, Kaede, esto… iba a salir.
-¡¡Hermano!!

Kaede estrechó a su hermano y Rai pudo divisar a su madre que venía a fundirse en el mismo abrazo.

-Eh … esto… Yo también me alegro pero … mmm… iba…
-¡¡Que alegría, Rai!! ¡¡Por fín despierto!!
-Sí … ya… pero… iba a salir ….

No sin esfuerzo, Rai consiguió despegarse de su madre y de su hermana.

-¿Sabes, Rai? – preguntó Kaede – Mañana mismo voy al laboratorio del profesor Serbal para comenzar mi aventura. Es genial que estés aquí. Vendrán unos amigos más que también comienzan la aventura.
-Sí… esto… Es maravilloso, Kaede. ¿A quién elegirás?
-Aún no lo sé. Estaba pensándolo en el sofá y entonces te ví. Por cierto, ¿A Dónde ibas?
-Ah, sí. Me alegro de veros y todo eso pero … me apetecía salir. Estoy muy confundido y … bueno ... aun faltan unas horas para la cena.
-Ok. No te preocupes Rai. Te vendrá bien conocer todo esto. El pueblo es muy bonito. Está cubierto de flores. Tal vez sea más bonito por la mañana pero sal, te gustará – dijo mamá.
-Gracias
-Por cierto, Rai. Temo decirte esto pero … tus pokémon se los quedó Oak en kanto para cuidarlos. Alguien tenia que ocuparse de ellos.
-Amm. No pasa nada. Me apañaré sin ellos
-Pero no te preocupes, tengo entendido que el profesor Oak se va a venir a Sinnoh a pasar una temporada. Si quieres que te traiga a alguno de tus antiguos pokémon…
-No. Prefiero que no. Perdí a Flareon. No quiero otro pokémon que no sea él.
-Rai, eso ya pasó hace mucho tiempo. Eres buen entrenador. Deberías volver a entrenar – dijo Kaede
-No, no quiero. Aun no.
-Bueno, Rai. En cualquier caso debes tener un pokémon, es peligroso que salgas desprotegido – replicó mamá
-Me las apañaré, no te preocupes.
-Cuídate, hermano – se despidió Kaede.
-Hasta luego

Rai salió fuera. Era cierto. Pueblo Aroma flor era muy bonito. Estaba entero cubierto de flores. Caminó por el pueblo observando todo lo que era nuevo para él. Había poca gente por las calles. Sin embargo, a pesar de haber anochecido ya, el ambiente era agradable. La noche estaba estrellada. Al ir caminando por las calles recordó aquella noche antes de ir a la fiesta con Flareon. Aquel recuerdo le entristeció, pero seguía caminando. A diferencia de Isla Canela, allí no había gimnasio pokémon ni mar. Era un clima bastante más seco. Sin embargo, en el silencio de la noche, a Rai le pareció oír en la lejanía el sonido de un riachuelo no muy lejos de donde se encontraba.

Pasó cerca de un gran edificio. Era más grande que el resto de las casas de Aroma flor, pero no era un gimnasio. En la fachada, numerosas macetas con flores decoraban la edificación. Por su aspecto, Rai pensó que era una tienda. Aunque bien distinta a las tiendas convencionales en las que venden artículos pokémon.

Una chica cerraba la puerta no sin dificultad. Rai la observaba.

-¡Maldita cancela! Mañana mismo la haré cambiar, todos los días lo mismo.

La chica parecía tener problemas para cerrar.

-¡Uyyy…! ¡Qué coraje! Me he cogido un pellizco.
-Oye… perdona. ¿Quieres que te ayude?
-No necesito ayuda de nadie. Necesito una cancela nueva. Eso es lo que necesito. Maldita sea…

La chica le propinó una patada a la cancela y al instante quedó cerrada. Rai la miraba algo asombrado. No se atrevía a reírse para no enfadar más a la muchacha.

-Bien. Ya está.

La chica se volvió con aire de triunfo y miró al chico que momentos antes le había ofrecido su ayuda.

-Perdona mi mal carácter, soy Kumiko, Kumiko Aya. Trabajo en esta floristería. Te invitaría a pasar pero ya he cerrado.
-Oh… no importa, de veras.
-No recuerdo haberte visto nunca por aquí. ¿Eres de Aroma flor?
-No, vivo aquí con mi familia desde hace algun tiempo, o eso creo. Realmente soy de Isla Canela, en Kanto.
-Ajam. Es extraño. Nunca antes te había visto. ¿Cómo te llamas?
-Soy Rai
-¡¡Ah!! Así que tu eres el hermano mayor de Kaede. Veo que ya te has recuperado. Me alegro.

Rai la miró asombrado. Esa chica conocía a su hermana, y por lo visto Kaede le había hablado de él.

-Eh…, sí. Gracias. Bueno Kumiko. Ha sido un placer. Si me disculpas…
-Sí, sí. Yo también tengo que irme a hacer unas cosillas. Nos vemos, Rai.
-Hasta luego.

Rai continuó caminando. Pensó en salir del pueblo y buscar el riachuelo, no por ninguna razón en especial. Simplemente quería caminar. No le importaba a donde. Mientras caminaba por aquellas floreadas calles, pensaba. Hacía un esfuerzo por recordar. Lo último que parecía recordar con claridad era el Articuno. Flareon dispuesto para atacar, pero… ¿Dónde estaba Andrés?. JoseMa también estaba dispuesto para combatir pero no recordaba que hacía Andrés en ese momento. Nisad y Kaede también deberían estar en la cueva. Era extraño, pero tampoco recordaba con claridad qué estaban haciendo ellos mientras.

Rai seguía caminando, ya estaba saliendo del pueblo. Luces, luces de colores que parecían formar un triángulo pero…¿de dónde venían?.

Mientras recordaba y pensaba, Rai llegó a los pies del río. Se sentó en una roca y siguió pensando mientras veía el agua correr.

-Que difícil es todo esto. ¿De dónde provenía ese triángulo formado por rayos de luz? – se preguntó Rai en voz alta. – Ni siquiera recuerdo con exactitud como murió mi Flareon. Si al menos pudiera recordar…
-Si quieres, yo te puedo ayudar – le interrumpió una femenina voz que ya conocía.


Continuará …
Capítulo 7: Forja Fuego

Rai - March 4, 2008 06:36 PM (GMT)

Capítulo 7: Forja Fuego

Rai se volvió para ver quien se estaba dirigiendo a él. Al volverse, pudo comprobar que una chica de unos 16 años, estaba ante él. Llevaba unos pantalones blancos, conjuntados con una camisa y un pequeño bolso rosa. Su pelo era moreno y rizado y miraba a Rai con unos vidriosos ojos vedes. Kumiko Aya estaba de nuevo ante él.

-Mmm… ¿Me has seguido? ¿Qué haces aquí?
-No. No te he seguido Rai.- contestó Kumiko - Me dirigía a la Forja Fuego para encargar una cancela nueva para la floristería cuando te he oído. Mira. Quizás no lo sepas pero mucha gente en Sinnoh conoce tu historia.
-¿Mi historia?- preguntó Rai extrañado.
-Tu Flareon - prosiguió Kumiko- es conocido por todos como aquel Flareon que marcó en todos los entrenadores un antes y un después en la forma de entrenar. Se dice de él que fue el mejor pokémon de tipo fuego que ha habido y existirá jamás.
-Lo era – sentenció Rai.
-Se le recuerda como el Flareon de la Leyenda, Rai. Y tú … Tú eres el Entrenador Legendario.
-¡Yo no soy ningún Entrenador Legendario! – cortó Rai algo molesto por la afirmación de kumiko - Tal vez lo fui algún día. Hoy, ya no lo soy.
-Rai …
-No Kumiko. Yo ya no quiero entrenar más. No quiero más pokémon si no está mi Flareon conmigo.
-Pero Rai…
-No. Ya te he dicho que no. No empieces tú también como Nisad.
-Está bien- suspiró Kumiko- Me dirijo a la Forja Fuego. Iré en mi balsa, está río arriba. ¿Me acompañas?

Rai dudó.

-¿Prometes explicarme todo lo que sepas?- Preguntó Rai.

Kumiko sonrió.

-Venga sube.

Rai subió a la balsa con Kumiko algo extrañado de que la chica no usara un pokémon con surf como la mayoría de la gente normal.

-Oye, ¿Cómo es que no usas un pokémon para surfear?- preguntó Rai.
-Bueno… Nunca me han gustado los pokémon. No es que no lo soporte. Simplemente no es lo mío.

Rai la miró extrañado ¿Cómo podía existir alguien a quien no le gustaran los pokémon?.

-Sé lo que estás pensando. Que soy rara. Pero mira, no todo el mundo nace para ser entrenador ni cuidar pokémon. A mí lo que me gustan son las flores. Por eso me dedico a ellas.
-Bueno. Supongo que es respetable tu opción ¿Vamos a la Forja? Se nos hará tarde.
-Oh, sí, venga vamos. Habrá que remar.
-¿Remar? - preguntó Rai muy disgustado

Kumiko volvió a sonreír.

-Vamos Rai. No está muy lejos. Vamos.

Los dos jóvenes empezaron a remar río arriba. A medida que se adentraban se iba volviendo todo más oscuro. Hasta el punto de que tan sólo la luna y las estrellas alumbraban el lugar. Era un abrupto paisaje. No parecía estar habitado por mucha gente. Mientras remaban Rai preguntó:

-Entonces ¿sabes que pasó con Kaede, Nisad y Andrés en la cueva?
-Sí, me lo contó Kaede.
-¿Qué ocurrió? – Preguntó Rai - ¿dónde estaban cuando JoseMa y yo nos disponíamos a luchar?
-Se quedaron paralizados. De cada uno de ellos salió un rayo de luz. De kaede un rayo rosa. De Nisad amarillo y azul para Andrés. Los 3 rayos conformaron un triángulo.
-Pero … ¿Cómo es posible que salieran rayos?, quiero decir … Eso es físicamente imposible ¿no?
-Ya … es extraño. No sabemos porqué ocurrió, pero así fue. Del centro del triángulo surgió un túnel como de la nada
-Y Flareon fue absorbido por él. Ya lo recuerdo

El semblante de Rai se tornó serio

-No te preocupes más por ello, Rai. Mira, ya casi hemos llegado a la forja. Espérame aquí. Sólo tardaré un momento.
-Vale.

Kumiko bajó de la balsa y Rai se quedó sólo. Mientras esperaba, observaba todo el paisaje. Era todo muy bonito. Oía el correr del agua del río, el sonido de los pokémon nocturnos que habitaban el lugar, … Realmente era preciosa la región de Sinnoh.

El mundo pokémon. Los pokémon. A Rai le costaba imaginar una nueva vida sin pokémon. Una vida como la de Kumiko. Estaba decidido a ello pero sabía que le supondría vivir sin algo. El precio de esa nueva vida era su propio corazón.

La chica parecía tardar en salir. Una brisa de aire fresco hizo que Rai sintiera algo y de frío y decidiera saltar fuera de la balsa. Se sentó a la orilla del río y continuó escuchando la naturaleza.

Entonces, un ruido captó su atención. Alguien se estaba dirigiendo hacia donde estaba él. Alguien que parecía provenir del oscuro bosque que colindaba con el río. Estaba tan oscuro que sólo pudo ver la silueta de un joven de más o menos su edad. Vestía una bata larga y llevaba el pelo corto. El misterioso personaje se acercaba a él y parecía seguirle un pokémon que, por su silueta, se podría decir que se trataba de un eevee.

-Vamos, Marxdaton. Ya casi hemos llegado – dijo el extraño joven a su pokémon.
-¡¡Eeeee!!

El pokémon parecía estar muy ilusionado de aquel paseo con su entrenador.

-Mira, necesito que me ayudes en algo, Marx. Tengo que recolectar unas bayas de por aquí para un nuevo experimento que estoy trabajando. ¿Qué tal si me ayudas?. Son como estas.

El joven pareció sacar algo de su bolsillo y se lo enseñó al pequeño Marxdaton. El eevee estaba muy ilusionado de poder ayudar a su entrenador. Lo quería mucho. Parecía quererlo mucho. Rápidamente, el pequeño se adentró en el bosque en busca de aquellas bayas.

-¡Te esperaré aquí, Marxdaton!
-¡Eevee! – contestó el pequeño y feliz pokémon.

Rai veía como el joven se iba acercando cada vez más hacia donde estaba él después de que el eevee se marchara a buscar, así que decidió saltar sigilosamente de la balsa y esconderse detrás de un árbol con un grueso tronco que había cerca de donde se encontraba. Desde allí, continuaba observándolo todo.

Al poder contemplar más de cerca al muchacho, pudo comprobar que iba vestido de forma parecida a la de un científico o un investigador pokémon. Puedo también apreciar un lunar en su mejilla que le hacía algo peculiar. Rai no había visto antes a ese joven, pero seguía observándolo.

El científico se movía rápidamente mientras hablaba en voz alta;

-¡¡Iluso eevee…!!. No sé como es tan tonto como para creerse que lo voy a esperar. Ojalá se pierda en el bosque y desparezca de mi vista de una vez por todas. Ya no me sirve.

A Rai le latía rápidamente el corazón, no podía creer lo que estaba escuchando. Ese entrenador no podía estar pensando lo que decía.

-¡¡Vamos Pidgeot!! – gritó el misterioso joven.

Al instante un destello de luz roja emanó de su pokéball y tomó la forma de un gran pájaro pokémon.

-¡¡Vuela, vuela lejos, Pidgeot. Volvemos al laboratorio!!
-¡¡Geot!!

El científico se montó en el pájaro y ambos despegaron a gran velocidad, surcando los cielos hacia algún otro lugar.

Mientras tanto, en el bosque, el pequeño Marxdaton buscaba bayas para su amigo. Un ilusionado y contento pokémon que se sentía muy feliz de poder contentar a quién más quería en el mundo con su ayuda buscando las bayas. No sabía que su amado entrenador ya lo había abandonado.



Continuará …
Capítulo 8: El pequeño Marxdaton

Rai - April 25, 2008 07:31 PM (GMT)

Capítulo 8: El pequeño Marxdaton

Los numerosos Hoothoot que habitaban los árboles de la Forja Fuego cantaban haciendo del paisaje algo hermoso y agradable. El cielo estaba cubierto de estrellas y una gran luna decoraba el firmamento que se reflejaba en el río donde decenas de magikarps saltaban dando aún más color y belleza a todo ese paisaje de montaña.

Desde detrás del árbol donde se encontraba, Rai pudo observar como el pequeño eevee salía de los arbustos hacia donde momentos antes había estado su entrenador. Llevaba las bayas que el científico le había ordenado buscar. Las depositó en una piedra, y Marxdaton se quedó esperando el regreso de su entrenador.

Rai no podía dar crédito a lo que veía. Ver a ese pokémon abandonado le hacía pensar en sí mismo. Esperando a un compañero que nunca jamás regresaría. Rai observaba todo sin atreverse a salir del árbol.

Marxdaton parecía cansarse. Pronto se sentó en la piedra, cerca de las bayas, y acomodó su cabecita entre las patas delanteras dejando ver unos grandes y hermosos ojos tristes que a Rai le recordaban a los de su Flareon.

Kumiko tardaba y el frío de la noche parecía empezar a hacer acto de presencia en el lugar. Marxdaton empezaba a tiritar debido al frío que sentía. Rai, se acercó con la intención de cubrir al pokémon con su chaquetón. Se fue aproximando sigilosamente y, estando junto a él, pudo comprobar que se trataba de un bebé pokémon. Rai se enfureció. ¿Cómo podía alguien hacerle esto a un pokémon tan pequeño?

Marxdaton, tiritando, empezó a llamar a su entrenador, notando que ya tardaba e invadido por el frío y el miedo que torturaban su pequeño cuerpo.

-Eee.. eee… - lloraba el pokémon.
-Marxdaton, no te asustes, soy tu amigo – dijo Rai.
-¡¡Eee!!, ¡¡Eee!!
El Eevee se incorporó intentando defender las bayas de su entrenador. Intentaba hacer que Rai se alejara. Seguramente lo veía como una amenaza.

-No te asustes, sólo quiero ayudarte pequeño.
-Grrrr - El pokémon empezó a gruñir.

Rai. Viendo que no había mucho que hacer, se alejó un poco para así poder tranquilizar al pequeño pokémon.

Mientras estaba sentado a la orilla del río, seguía observando, desde lejos, al bebé. ¿Cuánto tardaría en darse cuenta de que su entrenador lo había abandonado? Era un bebé, después de todo, confiaba en su criador.

Sin dejar de observar, escuchó como algo parecido a una balsa, atravesaba el río donde él se encontraba. Pero entonces, algo distrajo su atención. La puerta de la Forja Fuego se había abierto y Kumiko salía.

-Muchas gracias por todo, entonces, mañana mismo le espero para que venga a montarme la nueva reja.
-En eso quedamos-. Dijo un robusto señor.
-Adiós.

Kumiko venía hacía donde Rai, pero antes de llegar a él, se detuvo mirando al Eevee.

-Eh, mira Rai que bonito, parece estar solo y no tener a nadie.
-Sí. Yo mismo vi como un maldito entrenador lo abandonaba aquí. Pero es muy pequeño y le da miedo de casi todo. No me deja ni siquiera acercarme.
-Ya veo…
-No sé qué hacer, tal vez deberíamos irnos pero es tan pequeño…

Kumiko se acercó.

-Hola pequeño, ¿Estás solo?

Esta vez Marxdaton no se movió. Se dedicó a mirar a Kumiko con unos ojitos grandes que parecían brillar como el cristal.

-Rai, este pokémon es muy pequeño y está helado. No podemos dejarlo…
-Un momento, kumiko, creo que oigo que alguien se acerca por el río.
-¡Rai! Ven aquí. Esto es más importante.

Rai asintió.

-Está bien. Dime qué podemos hacer.
-Mira, yo no soy entrenadora – se quejó Kumiko – tienes que llevártelo tú. Aquí no se puede quedar.
-Lo siento, Kumiko. Ya lo hemos hablado. No voy a volver a entrenar. Con Flareon se acabó todo, ¿entiendes? Ningún otro pokémon lo reemplazará.
-Eeeeveee…

De los vidriosos ojos de Marxdaton empezaron a brotar lágrimas. Empezaba a comprender que estaba solo. Lo habían abandonado en el bosque y su vida dependía de dos desconocidos.

-No te preocupes, pequeño – Kumiko cogió al eevee entre sus brazos y lo acorrucó abrigándolo con su chaquetón – mira, no te preocupes. Rai y yo te ayudaremos. Ven con nosotros, buscaremos a tu entrenador.
-Kumiko, yo me voy. Haz tú lo que quieras. Este eevee no va a reemplazar a mi Flareon. Adiós.

Rai se dirigió con pasos largos y decididos hacia la balsa mientras hablaba en voz alta;

-Flareon es único, único. No quiero más pokémon. No quiero más…
-¡¡¡PLAAFF!!

Nisad apareció ante él, desembarcó del pokémon que lo había traído a través del río y le propinó una bofetada a Rai con todas sus fuerzas. Los ojos de Nisad estaban estaban empañados en lágrimas.


Continuará …
Capítulo 9: Estrellas en el cielo




Hosted for free by InvisionFree