View Full Version: Steve De Ciudad Azafrán

Pokexperto > Fan Fiction > Steve De Ciudad Azafrán



Title: Steve De Ciudad Azafrán
Description: Fanfic


Mewone - March 23, 2006 09:19 PM (GMT)
Parte primera
EL DESTINO DE LAS POKÉBALL




1. Steve

En una soleada mañana de mayo un chico acababa de despertarse en una pequeña casa situada en las afueras de una gran ciudad. Se lavó la cara y se peinó el pelo de punta, tal y como siempre hacía.

Rápidamente se vistió y salió a la calle sin siquiera desayunar, pues tenía planes para aquel día, el día de su cumpleaños. El sol se reflejaba en su negro cabello originando reflejos azulados. Poco después se encontró con un chaval un poco más bajo que él y muy delgado, que siempre llevaba un wooper en el hombro.

- ¡Buenos días Steve, y felicidades!
- Hola Kevin, gracias –respondió Steve sonriendo amistosamente-.
- Toma, éste es mi regalo –dijo Kevin, al tiempo que le tendía una artesanal caña de pescar-. La he hecho yo mismo.
- ¡Kevin! –exclamó sorprendido Steve-, no tenías que haberte molestado, qué maravilla de caña, ¿qué te parece si nos vamos al río a estrenarla?
- De acuerdo, sería estupendo que consiguieras tu propio pokémon.

Los dos amigos comenzaron a recorrer las largas y elegantes calles de ciudad Azafrán, la capital de Kanto. Los altos edificios a ambos lados de cada calle producían una refrescante sombra sobre el suelo de la ciudad, aliviando a la gente de los asfixiantes rayos de sol.

- Oye Kevin, ¿nunca has probado a meter a tu wooper en una pokéball?
- Pues… –Kevin titubeó, pensativo- La verdad es que nunca lo he intentado, me parece que a wooper no le gustaría estar encerrado en una de ellas. Además, ¿para qué necesito tenerle dentro de una pokéball? Nos conocemos desde hace mucho y no transcurrió apenas tiempo en hacernos amigos desde que lo pesqué con esta misma caña que llevo hoy.

Wooper asintió y los tres permanecieron callados durante unos minutos. Steve nunca conoció a sus padres y estaba acostumbrado a pensar en silencio, no era muy hablador, pero tenía facilidad de habla cuando la situación lo requería. Ciudad Azafrán y sus afueras era lo único que conocía, ya que desde pequeño vivió en un pequeño y retirado barrio de la ciudad, en el que todos los vecinos y sus respectivos pokémon se ayudaban entre ellos. A Steve le crió un hombre misterioso hasta los 10 años, entonces se fue de la ciudad y el chico tuvo que valerse por sí mismo, aunque siempre contaba con la ayuda de sus amistosos vecinos. Se podría decir que eran un estilo de comuna, pero nadie se metía en los asuntos del prójimo.

Tras quince minutos de caminata y charla llegaron a un estrecho y tranquilo río al este de la ciudad donde echaron sus cañas con la esperanza de pescar algún pokémon. Mientras esperaban a que picaran, Kevin y wooper jugaban a disparar chorros de agua a puntos específicos, y Steve tomaba el sol y observaba las nubes tumbado plácidamente sobre la cómoda orilla.

Llegó mediodía y nada había picado aún, por lo que, desanimados, decidieron recoger el equipo de pesca y volver a la ciudad a hacer alguna “gamberrada”, como robar en la tienda pokémon o tomar el pelo al portero de Silph S.A., pero Steve oyó un quejido tras unos arbustos.

- Kevin, ¿no oíste eso?
- Sí, sonó como un gemido –afirmó su amigo-, puede que alguien necesite ayuda, acerquémonos.

Los chicos se acercaron y cuál fue su sorpresa al ver un pokémon oscuro con largas garras plateadas y unas plumas rojas que le salían de la cabeza y la espalda. Tenía el cuerpo magullado y no se movía.

- Debemos hacer algo rápido Steve –dijo Kevin-, este pokémon está en muy mal estado.

Mewone - March 23, 2006 09:20 PM (GMT)
2. Dexter y Sneasel

Steve se acordó de que tenía una poción que había robado de la tienda pokémon en una de sus habituales y a ojos del dependiente inocentes visitas. Sin perder un instante la sacó de su mochila y la esparció por el dolorido cuerpo del lastimado pokémon, deteniéndose sobre todo en las heridas.

- Creo que esto sirve para curar a los pokémon… -Dijo Steve-
- ¿Es una poción pokémon no? Entonces funcionará.

Efectivamente, las heridas se cerraron dejando pequeñas cicatrices y el pokémon se levantó del suelo para tender su garra a Steve, como acto de agradecimiento. Steve le dio la mano y sonrió.

- Mira Kevin –dijo riendo-, ¡este extraño pokémon me está dando la mano!
- Le has salvado la vida Steve –respondió Kevin con semblante divertido-, es normal que lo haga.
- Por cierto –continuó Steve-, ¿tú sabes cuál es este pokémon?
- No tengo ni idea, en mi vida había visto ningún pokémon como éste.
- Bueno, da igual. Ahora nos tenemos que ir, adiós extraño pokémon.

El wooper de Kevin habló durante unos segundos con el restablecido pokémon y siguió a los humanos, que se dirigían de vuelta a Azafrán. Ninguno de los tres se dio cuenta de que el oscuro pokémon les seguía saltando de rama en rama y escondiéndose entre las sombras.

Cuando llegaron a la ciudad se pararon en frente de una tienda de artículos para el entrenador pokémon y vieron que vendían un artefacto llamado pokédex que tenía los datos de todos los pokémon.

- Mira Steve, con eso podremos saber cual era el pokémon al que curaste antes.
- Mmmm –La mirada de Steve cambió y una pícara sonrisa apareció en su rostro de repente, estaba claro que había decidido obtener una de esas pokédex- Tú entretén al dependiente hablándole de cualquier cosa mientras yo pillo la pokédex y salgo de la tienda ¿de acuerdo?
- Vamos a ello –Respondió Kevin, al tiempo que entraban en la tienda-.

Nada más entrar, Kevin preguntó al encargado de la tienda si tenía algo para resaltar los colores de su wooper. El hombre lo empezó a examinar y entró en el almacén para coger algo, momento que aprovecharon los dos chicos para salir corriendo de la tienda con una pokédex en su poder.

Recorrieron cuatro manzanas y pararon para abrir el recién adquirido aparato.

- Bienvenido entrenador, soy el modelo Dexter unidad 4357269 y mi misión es proporcionarte información acerca de todo lo relacionado con los pokémon –saludó la pequeña máquina nada más ser abierta-. Por favor, inserta tu nombre y apellido en mi memoria.

Los chicos se sobresaltaron un poco y por un momento pensaron que la pokédex tenía un mecanismo antirrobo, pero enseguida se dieron cuenta de que ese era el comportamiento normal de todos los pokédex y Steve insertó su nombre. Sólo su nombre, ya que no conocía su verdadero apellido. De todas formas al Dexter 4357269 pareció no importarle en absoluto y dejó de hablar.

- Miremos cuál es el pokémon que vimos antes –dijo Steve mientras toqueteaba los botones del pokédex buscando el pokémon-. ¡Ya lo tengo!
- Sneasel, pokémon siniestro-hielo. A este pokémon le encantan los huevos de pidgey y spearow y aprovecha las sombras de la noche para pasar desapercibido y vaciar los nidos de estos pokémon. Puede ser muy útil en combate si se sabe usar, pero es bastante difícil de dominar por su maligno temperamento.

Justo cuando el pokédex dejó de hablar apareció un hombre sucio y melenudo que sacó un scyther de una pokéball.

- ¡Ahora mismo me estáis dando esa pokédex si no queréis que mi pokémon os raje de arriba a abajo!

Steve y Kevin no se creían su mala suerte y las vueltas que da la vida, hace unos minutos ellos eran los ladrones y ahora se habían convertido en los robados… Steve era un chico alto y fuerte, pero no podría hacer absolutamente nada contra un pokémon y wooper no había sido entrenado ni había luchado nunca en un combate, por lo que no tenía ninguna posibilidad contra el fiero scyther. Steve ya estaba extendiendo el brazo para darle la pokédex al asaltador cuando de repente apareció una rápida sombra que golpeó al scyther. El ataque pilló desprevenido al pokémon y calló debilitado. El melenudo se asustó y se fue corriendo con su scyther en la pokéball.

- Steve… ¿Qué ha sido eso? –Preguntó Kevin, con un claro tono de miedo en su voz-.
- Me parece que ahora lo veremos.

La sombra dio unos pasos al frente y la luz de una farola la iluminó. Los chicos se sorprendieron enormemente, ¡era sneasel!

- ¡Sneasel eres tú! Muchas gracias amigo –dijo Steve-.

Entonces sneasel se acercó a Steve y se le quedó mirando a los ojos.

- Me parece que quiere unirse a ti, Steve –Afirmó Kevin, que al contrario que su amigo iba a la escuela pokémon y había estudiado el comportamiento de los pokémon-
- ¿Es eso lo que quieres sneasel? –Sneasel contestó con un movimiento de su cabeza y pronunció su nombre- ¡Pues vámonos!

Y así es como Steve consiguió su primer pokémon… el día de su decimoséptimo cumpleaños.

Mewone - March 25, 2006 12:31 PM (GMT)
3. El Team Rocket

- Neeesel.

Ya había salido el sol y sneasel que apenas había dormido estaba despertando a Steve, bueno, al menos intentándole despertar. Sneasel era un pokémon de tipo siniestro y además de apenas necesitar dormir le encantaba la noche; era su ambiente natural y cuando más afinados estaban sus sentidos.
Después de ayudar a los dos chicos la noche anterior, el pokémon había acompañado a Steve hasta su casa y tras tomar una ligera cena (algunas frutas que uno de los vecinos le había dado cuando llegaron) se había acostado en una cama improvisada que le hizo su nuevo amigo con algunas mantas para echar un ligero sueñecito, pues a pesar de la poción que se le había aplicado aún estaba cansado y tenía el cuerpo molido, aunque era un alivio que hubiesen desaparecido las heridas que le hizo el machamp de aquel incompetente entrenador. Todo sucedió mientras sneasel estaba comiendo unos huevos en un nido de pidgey, tenía el cielo vigilado mientras se daba el banquete por si venía la madre antes de lo previsto. Fue por eso que no vio como desde el suelo un machamp le lanzó un potente hiperrayo que le hizo caer del árbol para segundos después recibir una bestial paliza y perder el conocimiento. Sneasel intentó defenderse pero el otro pokémon estaba en un nivel bastante superior al suyo y sus ataques de tipo lucha eran doblemente efectivos contra los tipos siniestro y hielo de sneasel, por lo que no pudo hacer nada.
Al entrenador del machamp debió de parecerle demasiado débil porque no lanzó ninguna pokéball para capturarle y le dejó tirado en medio del bosque, luchando entre la vida y la muerte. Fue una suerte que no le dejara tirado a merced del sol, sino debajo de la sombra del frondoso árbol en el que estaba comiendo los huevos de pidgey; gracias a la sombra pudo recuperar un mínimo de sus fuerzas temporalmente y empezar a gemir para pedir ayuda. Pero había pocos de su especie en el bosque y al ser un pokémon siniestro no tenía una muy buena reputación entre los demás pokémon, por lo que nadie acudió en su auxilio.
Ya había perdido la esperanza de sobrevivir y estaba a punto de dejarse caer en los brazos de la muerte cuando vio acercarse a dos humanos y un pequeño pokémon azulado. No le importaba lo que hicieran con él esos desconocidos, no se fiaba en absoluto de los humanos pero en ese momento todo su dolor habría desaparecido como las lágrimas en la lluvia si decidían matarle.
Sin embargo uno de los chicos sacó un extraño bote con un líquido morado de su mochila y se lo comenzó a echar por su magullada piel. Era algo revitalizante que alivió enseguida a sneasel, sus heridas se cerraron y sus lesiones internas se curaron como por arte de magia. Descubrió que no todos los humanos eran despiadados y crueles, sin ir más lejos uno de ellos le había salvado la vida.
Sneasel se acercó al humano al que su acompañante se refería como “Estiv” y le agradeció su ayuda. El tal “Estiv” rió amigablemente y se fue con su amigo y el viscoso y azulado pokémon. Sneasel estaba en deuda con él.
Siguió a los dos personajes hasta ciudad Azafrán. Como estaba anocheciendo le era fácil pasar desapercibido escondiéndose entre las sombras y descubrió a un hombre bastante desaliñado que vigilaba a los dos chicos y les esperaba en la siguiente esquina. Cuando “Estiv” y su amigo se le acercaron sacó una pokéball de la que salió un scyther con el que les amenazó. El asaltador quería una especie de tablilla que se abría y hablaba llamada pokédex, la había visto pronunciando su nombre y dando información sobre él poco antes.
Scyther tenía unas afiladas cuchillas bastante más largas que las garras de sneasel y seguramente estaría acostumbrado a los combates contra otros pokémon de aceptable nivel, por lo que sneasel supo que debía pillarle desprevenido y darle un golpe certero para debilitarlo al instante. Haciendo una finta se colocó detrás de su enemigo y le propinó un ataque rápido golpeándole con sus garras en la cabeza. Scyther cayó debilitado, tal y como había planeado sneasel, y su entrenador tuvo que recogerlo en su pokéball maldiciendo y huyendo de esa extraña sombra que había vencido a su pokémon en un abrir y cerrar de ojos. El pokémon siniestro no había vencido gracias a su fuerza, sino a su astucia y velocidad.
Sneasel se presentó de nuevo ante Steve y decidió vivir con él, después de todo tenían un fuerte vínculo por haberse salvado la vida el uno al otro. Los chicos se despidieron y Steve fue a su casa con su nuevo pokémon. Cenaron y durmieron plácidamente.

Y ahora Steve se despertaba mientras la luz que entraba por la ventana abierta por sneasel le iluminaba el rostro.

- Buenos días sneasel, ¿qué tal estás?

El pokémon emitió un alegre gruñido y comenzó a saltar por la habitación para indicar que se encontraba como nuevo, lo que provocó la risa de Steve.

- ¿Qué te parece si vamos a hacer una visita a Kevin y a wooper?

La idea agradó a sneasel, así que fueron hasta donde vivía Kevin y llamaron al timbre. Respondió su madre y dijo que su hijo bajaba enseguida. En cinco minutos, Kevin estaba con Steve y le empezó a hacer todo tipo de preguntas sobre su pokémon como “¿Y dices que tiene garras retráctiles? ¡Qué pasada!” o “¡Seguro que sería capaz de vencer al alakazam de Sabrina!, mi padre me ha dicho que los ataques psíquicos no afectan a los pokémon del tipo siniestro, y ya sabes que mi padre trabaja en Silph y sabe muchísimo sobre pokémon”.

Mientras iban charlando y riendo vieron a lo lejos una multitud y se acercaron para ver qué pasaba. Había un corro alrededor de dos hombres vestidos con uniformes negros que tenían grabada una “R” roja. Steve preguntó a una chica que había cerca:

- ¿Qué está pasando aquí?
- Esos hombres son del Team Rocket, dicen que son un grupo que desea evolucionar Kanto tecnológicamente para que deje de depender de los pokémon para todo. Lo curioso es que ellos mismos utilizan a los pokémon para sus fines.

En ese momento uno de los rockets habló:

- Estamos aquí para reclutar miembros que se sientan identificados con nuestros ideales. Al que se una a nosotros se le hará entrega de un pokémon y tendrá un sueldo mensual que dependerá de sus logros para la asociación.

Entonces la chica con la que Steve había hablado hace un momento dio un paso al frente.

- ¿Qué tipo de logros son esos?
- Por ejemplo -Respondió el rocket- conseguir poderosos pokémon para nuestro jefe o para venderlos y conseguir fondos con los que financiar nuestras actividades.
- ¿Y como vamos a conseguir esos tan poderosos pokémon? Los pokémon salvajes suelen ser débiles.
- Pues está claro niña, robándoselos a sus entrenadores.
- Pero un pokémon que ya tiene un entrenador no puede ser capturado de nuevo.
- Claro, es que antes hay que deshacerse del entrenador.

Eso fue suficiente para que Steve se diera cuenta de lo peligroso que era el Team Rocket y salió de entre la multitud seguido por sneasel. No sabía porqué pero con el pokémon cerca se sentía más seguro.

- ¡Estáis locos! ¿Tan importante es traer la tecnología a Kanto como para matar a la gente que debería usar esa tecnología? ¡Sois unos monstruos sin escrúpulos!

El rocket que aún no había hablado se acercó a Steve y le dio un revés que hizo que el chico cayera al suelo. Justo en ese momento sneasel saltó para abalanzarse sobre el rocket, pero su compañero cogió con rapidez una pokéball de la que salió un extraño pokémon que se interpuso entre el rocket agresor y sneasel.

El cuerpo del pokémon del rocket estaba formado por piezas poligonales y parecía recién sacado de MS-DOS. Además hacía unos extraños ruidos como el que se oye cuando un ordenador está procesando información.

- ¡Es un porygon! La semana pasada lo robé del casino de ciudad Azulona –Aclaró el miembro del Team Rocket-. Es un pokémon de alta tecnología, ¡así debería ser todo en Kanto! Más te vale decirle a tu pequeño pokémon que se esté quieto y no haga ninguna tontería, además de porygon tengo cinco pokémon más en mi cinturón, al igual que mi compañero.
- ¡Ya lo has oído mocoso! -Dijo el otro rocket- Y has de saber que evolucionar Kanto mediante la tecnología es sólo uno de los muchos objetivos secundarios del Team Rocket que utilizamos como tapadera cuando la policía se entromete en nuestros asuntos y para reclutar nuevos miembros, como ahora mismo estábamos haciendo.
- Y como mi compañero acaba de irse de la lengua os he de decir nuestro verdadero objetivo: ¡conquistar el mundo! Y ahora os robaremos todos vuestros pokémon, ¡y más os vale no oponer ninguna resistencia!

Justo en ese momento llegó corriendo un hombre vestido de karateka seguido por Kevin, wooper y cuatro karatekas más, todos ellos muy corpulentos. Parecía que los rockets se estaban comenzando a inquietar.
- ¡Alto ahí! –Dijo el hombre que encabezaba al grupo que acababa de llegar- Sólo a alguien tan estúpido como vosotros se les ocurriría amenazar a un grupo de gente estando a una manzana del gimnasio pokémon no oficial de ciudad Azafrán. ¡Somos los entrenadores del Dojo Kárate y os vamos a dar vuestro merecido!
- ¡Y una mierda! ¡Adelante porygon! ¡Placaje!

El porygon se lanzó a embestir al líder del Dojo Kárate, pero este rápidamente lanzó una de sus pokéball de la que salió un hitmonchan que con un par de puñetazos dejó ko al pokémon cibernético.

Mientras tanto sus discípulos habían agarrado a los miembros del Team Rocket que al estar rodeados por la gente no tenían escapatoria. La gente comenzó a aplaudir la efectiva actuación de los entrenadores del Dojo y lentamente fueron despejando la zona. El revuelo había finalizado. El líder del Dojo Kárate se dirigió entonces a Kevin y a Steve.

- Chicos, sois muy valientes, muy poca gente tiene el valor de enfrentarse al Team Rocket. Fue una suerte que vinieras a avisarnos –le dijo a Kevin-. Estos dos son sólo soldados y son la escoria de la organización, pero luego hay administradores y superiores con pokémon muy poderosos que son capaces de hacer cualquier cosa para llevar a cabo sus crímenes y son mucho más habilidosos. Estos no han podido ni sacar a sus pokémon a luchar –explicó entre risas-. Lo mejor sería que os andarais con cuidado y que evitarais al Team Rocket en la medida de lo posible. Bueno, ahora deberíais venir conmigo a comisaría para explicar lo que ha sucedido y todo el rollo, ya sabéis…

Así que los chicos acompañaron a los karatekas y a los prisioneros hasta la comisaría de ciudad Azafrán. Por el camino uno de los rockets le dijo con cara de mala hostia y por lo bajo a Steve:

- La habéis cagado chavales, ahora el Team Rocket os perseguirá hasta acabar con vosotros.



Mewone - March 27, 2006 01:27 PM (GMT)
4. Cris y el adiós a Azafrán

- Ya hemos llegado, bienvenidos a mi hogar.

Después de haber prestado declaración frente a la agente Mara encargada de la comisaría, Grant, que así se llamaba el líder del Dojo Kárate, invitó a los chicos a su casa. Les dijo que tenía que hablar con ellos a solas.

A Steve no le habían impresionado las últimas palabras del soldado rocket, pero tampoco se lo tomó como una broma. Esos tipos hablaban en serio y parecían capaces de cualquier cosa. Seguramente ya habrían dado su merecido a muchas personas que se hubieran entrometido en sus asuntos; había muchas cosas que quería saber sobre el Team Rocket así que aceptó la invitación de Grant. Kevin, que no había oído la amenaza del rocket, estaba bastante emocionado y repetía la historia textualmente una y otra vez.

La casa de Grant estaba justo al lado de su gimnasio y era de dos pisos. Al entrar por la puerta enseguida les recibió una señora de cara bonachona, vestida con un delantal blanco y con el pelo recogido en una coleta. Era la esposa de Grant y en ese instante se encontraba cocinando, pero dejó la comida a fuego lento para sentarse con su marido y los invitados en una amplia y bien iluminada sala de estar.

- Bueno chicos, me parece que os habéis metido en un buen lío –Dijo Grant-. En cuanto algún administrador rocket vaya a pagar la fianza para sacar a esos dos soldados de entre rejas, el Team Rocket será informado de vuestros actos y os pondrán en busca y captura, o lo que es lo mismo, entraréis en la lista negra de la organización.
- Ya me lo imaginaba –respondió Steve, mientras Kevin se había quedado con la boca abierto en estado de petrificación-, uno de esos soldados me amenazó de camino a comisaría.
- Creo que lo mejor que podéis hacer es dejar ciudad Azafrán lo antes posible.

En ese momento se abrió la puerta de la calle y alguien comenzó a hablar mientras se dirigía a la sala de estar.

- ¡Ya estoy en casa! He comprado la mochila, algunas pokéball y todo lo necesario para…

Pero la voz femenina se detuvo cuando al entrar en la estancia vio a Steve y a Kevin junto a sus respectivos pokémon.

- ¡Ah, hola hija! –Intervino Grant- Os presento a Cris, chicos, mañana saldrá hacia pueblo Paleta para recibir su primer pokémon del profesor Oak.
- Encantado de conocerte –dijo Steve mientras le daba dos besos-, yo soy Steve y él es Kevin.
- Han impedido que dos miembros del Team Rocket robaran sus pokémon a un montón de gente, ¿sabes cariño?

Eso último lo dijo la madre, que rápidamente se levantó para darle un beso de bienvenida.

- Ah, ¿pues qué valientes no? Mi padre siempre me dice que no me acerque a nadie con una R roja en el uniforme –respondió la chica sonriendo pícaramente-.

Cris parecía impresionada, era una chica morena de mediana altura, buen cuerpo y pelo negro y rizado que se dejaba ver por debajo del gorro con una pokéball dibujada que llevaba. A Steve le pareció que era bastante mona.

Continuaron hablando un rato hasta que llegó la hora de comer y aunque los chicos no querían aprovecharse de su hospitalidad, no les dejaron irse y se tuvieron que quedar. La esposa de Grant había hecho unas sabrosas chuletas de miltank que no duraron casi nada en los platos. Mientras comían siguieron charlando y de repente Cris, que ya había sido informada de los sucesos ocurridos por la mañana, tuvo una idea.

- ¡Eh! ¿Y si venís a pueblo Paleta para conseguir un pokémon del profesor Oak? Mi padre es amigo suyo y seguro que no tiene ningún inconveniente en haceros entrega de uno que os proteja.
- Buena idea hija –respondió Grant-, a Oak no le gusta nada el Team Rocket y uno de sus pokémon os será de mucha ayuda para defenderos. Además podréis hacer la ruta de las medallas para capturar a más pokémon y fortalecerlos.

Kevin, que se emocionaba con facilidad, saltó enseguida de su silla diciendo:

- ¡Eso sería estupendo! Siempre he soñado con ser un entrenador y conseguir decenas y decenas de diferentes pokémon.
- Yo no tengo nada que me ate a esta ciudad, así que me parece un buen plan.
- Entonces está decidido, mañana a las ocho y cuarto id a la estación del magneto-tren, yo os sacaré los billetes.

Terminaron de comer y los dos chicos dieron las gracias por todo y se despidieron hasta el día siguiente. Cada uno se fue a su casa para prepararlo todo.

“Por fin voy a salir de esta ciudad -se dijo para sí mismo Steve-, quizás en algún lugar me volveré a encontrar con Shadow…”

Shadow era el hombre que había cuidado de Steve hasta que éste cumplió los diez años, siempre estaba ocupado y Steve no le veía muy a menudo, pero tenía mucho dinero y le compraba comida y todo lo que necesitaba para vivir. No era muy simpático con él, pero a Steve no le importaba, la verdad era que admiraba a ese hombre y quería llegar a ser como él. También tenía muchos pokémon. Una vez tuvo un increíble combate contra un tipo que le acusó de asesino. Los pokémon de ese hombre eran enormes y lanzaban impresionantes ataques, pero los de Shadow luchaban de forma extraña, era como si estuvieran entrenados para matar sin mantener ningún mínimo de remordimiento posterior y parecían acostumbrados a ello. Destrozaron a los pokémon rivales sin ningún tipo de piedad y el retador huyó a toda velocidad en una moto con lágrimas de rabia brotando de sus ojos.

Steve lo vio todo desde la ventana de su casa y por eso no pudo ver bien la cara de aquel entrenador que retó a su “padre adoptivo”. Después de ese combate Shadow desapareció para siempre.

- Bueno sneasel, mañana será un día muy largo, vamos a dormir.

El día siguiente amaneció lluvioso, así que Steve se abrigó bien, cogió todo lo que necesitaba, cerró su casa con llave y partió hacia la estación. Llegó puntual pero todos los demás ya estaban esperándole.

- Buenos días Steve –dijo Grant-. El magneto-tren saldrá en quince minutos, así que todavía tenemos tiempo. Ayer estuve pensando que sería conveniente que tú y Kevin metierais vuestros pokémon en estas pokéball para que así el Team Rocket no los pueda capturar.

El corpulento hombre sacó de su bolsillo dos pokéball reducidas a las que pulsó un botón para que recuperaran su tamaño normal y le entregó una a cada chico.

- Estupendo, a mí no se me había ocurrido eso –respondió Kevin-. ¿No te importa ir en una pokéball, verdad wooper?

Steve le preguntó lo mismo a sneasel, y como a los pokémon les daba igual, ambos fueron absorbidos por el rayo rojo procedente de las pokéball. Charlaron hasta que avisaron que quedaba un minuto para la partida del magneto-tren. Los padres de Cris abrazaron a su hija y se despidieron de los chicos. Ya estaban a punto de entrar por la puerta del tren cuando Grant gritó:

- En hora y media llegaréis a Ciudad Verde y desde allí podréis ir a pueblo Paleta en autobús. No olvidéis llamarnos de vez en cuando para decirnos como os va. ¡Suerte en vuestra aventura!

Los asientos eran de cuatro en cuatro, así que se sentaron y se pegaron al cristal moviendo las manos para despedirse de Grant y su esposa. Cuando salieron de la estación pudieron ver los edificios de la zona oeste de ciudad Azafrán. Steve los miraba melancólico.

“Adiós Azafrán, espero volver a verte algún día”.

Mewone - March 29, 2006 01:47 PM (GMT)
5. El profesor pokémon

El viaje en tren sirvió para que los dos chicos y Cris se conocieran mejor. Resultó que la chica era de la misma edad que Kevin, 14 años, y que había estado estudiando en una escuela para entrenadores desde los 6. La escuela a la que iba Kevin era diferente a la suya, allí nunca hacían simulaciones de combates ni tenían pokémon para clases prácticas, sin embargo la de Cris era privada y contaba con todo tipo de instalaciones para llevar a cabo asignaturas como combates, crianza o medicina pokémon. Por supuesto sus padres pagaban una buena cantidad de dinero para que ella estudiara allí.

Mientras jugaban a las cartas también les explicó que su objetivo era conseguir muchos pokémon y hacerse fuerte para llegar a ser una líder de gimnasio como su padre. También les contó cómo funcionaban los gimnasios pokémon y la Liga Pokémon. Era una especie de competición dirigida y organizada por el Alto Mando, también llamados Élite Four, que estaban liderados por el Campeón de la Liga. El Campeón actual era Lance, y Cris se entusiasmaba mucho al hablar de él. Steve sintió una sensación extraña, envidiaba a ese tal Lance y le encantaría ser como él. Se imaginaba siendo el Campeón y teniendo en su mano las decisiones más importantes de Kanto. Bueno, de Kanto y también de Johto, porque estas dos regiones estaban regidas por la misma Liga, había ocho gimnasios en cada una de ellas y todos los años se celebraba en la Meseta Añil una competición en la que participaban todos los entrenadores que habían conseguido al menos vencer a ocho líderes de gimnasio y, por lo tanto, obtener sus respectivas medallas. El ganador de ese torneo en ocasiones tenía la oportunidad de enfrentarse a la Élite Four y si les vencía también podía luchar contra el Campeón, al que sustituiría si le ganaba. Eso es lo que tenía pensado hacer Steve, el camino hacia la cima había comenzado.

- “Próxima parada, ciudad Verde”.

Ante el aviso, los chicos se levantaron y se dirigieron hacia las puertas. Tenían que estar preparados porque el magneto-tren era un tren de alta velocidad que conectaba ciudad Azafrán con Ciudad Trigal, respectivas capitales de Kanto y Johto, y no se podía permitir perder un segundo de más, debía cumplir sus horarios a toda costa.

El tren frenó violentamente haciendo que los chicos se tambalearan y una gran cantidad de pasajeros pisaron la estación de ciudad Verde. A diferencia de Azafrán allí el cielo estaba despejado y no llovía.

- ¡Vaya ciudad! –Exclamó Cris- Realmente hace honor a su nombre.

Y era verdad, había un gran número de parques y de jardines que contrastaban con bonitos chalets y otros edificios como el gimnasio o el centro pokémon. Todos ellos eran pequeños y ninguno superaba las dos plantas, pero había un edificio de mayor tamaño que llamó la atención de Steve y Kevin.

- Esa es la casa del entrenador –explicó Cris ante la curiosidad de los chicos-. Es un lugar de entrenamiento perfecto y muchos entrenadores se reúnen allí para practicar. Sobre todo el mes anterior a la celebración de la Liga Pokémon.
- Qué interesante –exclamó risueño Kevin-, espero que nosotros también la visitemos algún día...
- Por supuesto que lo haremos, ya lo verás –respondió Steve-. Bueno, ¿a dónde vamos ahora? Tendríamos que informarnos sobre los horarios de los autobuses a Paleta.
- Lo mejor es ir directamente a la estación e informarnos allí.

Así que tras comprar los billetes, montaron en un autobús que les llevó en media hora a pueblo Paleta, una localidad bastante más pequeña que ciudad Verde que sólo contaba con algunas casitas y el laboratorio del profesor Oak, con gigantescos jardines incluidos.

Los chicos llamaron al timbre y enseguida apareció un hombre joven con pelo moreno y largo sujetado con una cinta de color rojo que les invitó a pasar. Cris explicó quiénes eran y a lo que venían y el hombre, que se llamaba Tracy, les llevó a una sala donde se encontraba el famoso profesor Oak.

Su aspecto no era muy bueno, era bastante viejo y no le quedarían ya muchos años de vida. Aún conservaba el pelo, pero era totalmente blanco y hacía conjunto con su pulcra bata de trabajo. Estaba sentado frente a un ordenador, pero se levantó con la ayuda de un bastón con motivos de pokémon en cuanto vio entrar a los invitados.

- Os presento al profesor Oak –dijo Tracy- la mayor autoridad en pokémon de Kanto.
- Oh, vamos Tracy, vas a hacer que me ruborice. ¿Y quienes son estos apuestos jóvenes?
- Sus nombres son Cris, Steve y Kevin, y han venido para iniciarse como entrenadores oficiales, profesor.

Los chicos saludaron a Oak y éste les trasladó a una estancia distinta llena de estanterías cargadas de pokéball. Tracy seguía con ellos. El profesor comenzó a hablar.

- Pues como supongo que sabréis, aquí en Kanto el pokémon que se da a los entrenadores novatos es charmander, de tipo fuego; squirtle, de tipo agua; o bulbasaur, de tipo planta y veneno. Mi amigo Bill, el coleccionista de pokémon, es el que me proporciona los huevos de estos pokémon. Recientemente de uno de estos huevos salió un pokémon shiny –Cris que ya sabía lo que era un pokémon shiny dejó escapar un gritito de excitación-; estos pokémon son muy raros y tras estudiarlos he llegado a la conclusión de que aparte de su color, se diferencian de los pokémon normales en que sus poderes son algo superiores. Como me parecéis buenos chicos os lo daré, pero no os diré cual de los tres es. Os tendréis que poner de acuerdo en el pokémon que queréis cada uno y cuando os lo dé, podréis comprobar quién ha sido el afortunado.

Los chicos comenzaron a hablar entre ellos visiblemente emocionados y la repartición de los pokémon quedó así: Steve eligió a charmander porque Tracy le había dicho que cuando evolucionaba era el más poderoso de los tres; Kevin se decantó por bulbasaur porque ya tenía a wooper que era de tipo agua y porque le parecía que al contar con dos tipos era el mejor; y Cris escogió a squirtle porque le parecía el más mono de los tres, decía que le encantaban la cola y las orejas de su evolución: wartortle.

Así que Oak les entregó sus pokéball y los chicos las lanzaron para abrirlas a la vez. De todas salió un resplandor rojizo, pero cuando charmander se materializó, unos destellos dorados rodearon su cuerpo durante unos segundos. Su color no era el naranja común de los charmander sino dorado. Steve había elegido al pokémon shiny. Sus amigos se quedaron con la boca abierta y lo miraban con expectación, pero estaban contentos con sus propios pokémon y no sentían envidia.

- Vaya –dijo Oak-, Steve, parece que tu pokémon es el shiny, felicidades hijo. Ahora tenéis que ir con Tracy para que os inserte en vuestra mano diestra la placa de manejo de las pokéball. Todos los entrenadores oficiales la llevan y permite atraer las pokéball cuando son lanzadas para enviar a un pokémon a luchar. Son realmente útiles y la operación de inserción es muy sencilla, sólo precisa de anestesia local y no os dolerá nada. Pero antes coged estas pokédex que gracias a los datos que he insertado os reconocen como entrenadores oficiales.
- Yo ya tengo pokédex, profe –saltó Steve-, así que sólo tendrá que meterla esos datos de los que ha hablado.
- De acuerdo, pero ¿de dónde la has sacado?
- Mejor que se quede con la duda –respondió Kevin entre risas-.

Devolvieron a sus recién estrenados pokémon a las pokéball y Tracy les llevó a otra habitación más a la que iban pasando de uno en uno. Cuando todos llevaban su placa volvieron a la sala donde encontraron al profesor por primera vez y éste le devolvió a Steve su pokédex actualizada. Entonces Cris se dio cuenta de que había olvidado algo.

- ¡Ah, profesor! Se me olvidó decirle porqué vienen ellos dos conmigo, ayer en Azafrán hubo un pequeño problema con dos rockets y estos dos chicos ayudaron a atraparlos. Entonces uno de los rockets les dijo que se había quedado con sus caras y que pagarían su entrometimiento. Por eso mi padre creyó conveniente que vinieran a recibir un pokémon suyo y que se inscribieran en la Liga Pokémon.
- Tu padre hizo bien –respondió pensativamente Oak-. El Team Rocket es una banda criminal muy peligrosa, aún recuerdo lo que pasó hace diez años, cuando su líder derrotó a Sabrina y conquistaron Azafrán. Por suerte uno de mis alumnos llamado Ash liberó la ciudad haciendo que Giovanni, que así se llamaba su líder, dimitiese y así todo volvió a la normalidad en Kanto. Pero entonces ascendieron al poder tres administradores. Uno de ellos se quedó en Kanto reorganizándolo todo, sin embargo los otros dos decidieron comenzar la conquista de la región vecina: Johto. Muchas ciudades cayeron bajo el yugo del Team Rocket, incluida la capital, pero un entrenador que había recibido su primer pokémon de Elm venció a estos dos administradores con la ayuda de Lance y les dio muerte, provocando así la retirada del Team Rocket de Johto. Este entrenador se llamaba Kenta. –Finalizada la lección de historia el profesor continuó hablando- Id con cuidado. Capturad muchos pokémon y entrenadlos para que se hagan fuertes y os puedan proteger. Podréis llevar seis pokémon cómo máximo en vuestro cinturón, así que elegid bien. Los que no llevéis con vosotros me los podréis enviar aquí y yo los cuidaré con la ayuda de mi insustituible ayudante.

Al oír las últimas palabras de Oak, Tracy se puso como un tomate.

- Gracias por todo profesor –dijo Cris- Nos mantendremos en contacto con usted desde las cabinas de los centros pokémon.
- Como vuestro caso es especial os regalo estos pokenavigators, o pokenavs abreviando. Son la versión mejorada de las pokegears y con ellos podréis llamarme desde cualquier lugar en el que haya cobertura. También tienen incorporado un gps que os servirá para orientaros y algunas herramientas de entrenador.
- Joder, si que es usted generoso profe. Nos esforzaremos mucho en nuestro viaje –añadió Steve-. No le decepcionaremos.

Tras las palabras de Steve todos fueron hacia la puerta del laboratorio. Los chicos se despidieron del profesor y de Tracy y empezaron a andar alejándose del edificio. La aventura había comenzado.


Mewone - March 31, 2006 12:26 PM (GMT)
6. Avalancha pokémon

- ¡Qué hambre! ¿Por qué no paramos un rato para comer?

El sol pegaba fuerte sobre sus cabezas y Kevin parecía bastante cansado. Habían estado andando desde que salieron del laboratorio de Oak por la ruta 1 hacia ciudad Verde porque el reglamento de la Liga impedía a los entrenadores oficiales desplazarse en cualquier tipo de vehículo o pokémon volador hasta ciudades que no hubieran visitado con anterioridad. Los chicos ya habían estado en ciudad Verde, pero eso era antes de conseguir su licencia por lo que no les servía de nada, debían visitarla como entrenadores oficiales para llegar a ella con mayor rapidez en cualquier medio de transporte.

Como ya era la hora de comer los chicos pararon un rato y soltaron a sus pokémon para que se divirtieran mientras descansaban. Parecía que había dos grupos, uno de ellos estaba formado por sneasel y wooper que se habían hecho bastante amigos y estaban echados bajo la sombra de un árbol, ya que a sneasel le encantaba la oscuridad y a wooper no le venía muy bien que le diera el sol en su viscosa piel. El otro grupo lo conformaban squirtle, bulbasaur y charmander, que comenzaron a jugar entre ellos. Los rayos de sol se reflejaban en charmander formando destellos dorados y bulbasaur estaba constantemente absorbiendo luz solar con una cara de gustillo que le hacía parecer un poco fumado.

- Por aquí sólo habitan pidgey y rattata –informó Steve mientras examinaba su pokédex-. Ambos son débiles, pero al evolucionar, pidgey se convierte en un pokémon muy bueno y útil.
- A sneasel le encanta comer huevos de pidgey, ¿no? –Preguntó Kevin- Podrías mandarle que busque sus nidos y así podríamos capturar unos cuantos.
- Oye qué buena idea, yo siempre he querido tener un pidgey, ¡es tan achuchable!

Esto último lo dijo Cris, así que como todos estaban de acuerdo con el plan, al terminar de comer unos bocadillos y algunos frutos secos se encaminaron en la búsqueda de los pidgey siguiendo a sneasel, que había dibujado una maligna sonrisa en su rostro al oír la idea y enseguida comenzó a correr saltando de un árbol a otro. Se movía muy ágilmente y los chicos tenían que correr para seguirle.

A los diez minutos llegaron a un claro del bosque con una enorme encina en el centro. La encina estaba llenita de nidos. Sneasel no se pudo aguantar y salió disparado a darse un banquete, pero cuando estaba subiendo por el tronco, un pájaro le embistió haciendo que el pokémon siniestro cayera del árbol, aunque logró equilibrarse y caer de pie gracias a su desarrollada agilidad.

- ¡Sneasel cuidado! –gritó Steve- Ese pidgey debe haberse quedado de guardia mientras los demás han salido. No tienes que dejar que escape, ¿de acuerdo?

Sneasel indicó que le había comprendido con un movimiento de su cabeza y con un agudo grito se lanzó a por el pequeño pájaro dando un salto que culminó con un ataque arañazo que fue suficiente para dejarlo debilitado en el suelo. Sin perder ni un segundo Steve le lanzó una pokéball que tras moverse ligeramente quedó sellada.

- ¡Sí! ¡He atrapado mi primer pokémon! –exclamó eufórico-. Pensé que sería más difícil, pero se ve que soy demasiado bueno para estos…

La frase de Steve quedó interrumpida por los numerosos gorjeos que emitía una bandada de pidgey que se estaba acercando.

- Dios, los demás pidgey han vuelto. Ahora tendremos que enfrentarnos a todos ellos porque si escapamos nos alcanzarán enseguida volando.
- ¡Pues a por ellos! ¡Sacad a vuestros pokémon! ¡Adelante charmander!

Cris y Kevin enviaron a sus pokémon a la batalla siguiendo la orden de Steve y todos se prepararon para dar una calurosa bienvenida a los pidgey. En treinta segundos llegaron hasta ellos y comenzó una encarnizada batalla en la que los pokémon de los chicos estaban en una clara desventaja numérica de 5 a 20. Squirtle se colocó espalda contra espalda con wooper y comenzaron a disparar potentes pistola de agua impidiendo acercarse a los pigey, mientras que charmander, que relucía más que nunca, estaba como loco lanzando ataques ascuas a todo lo que volaba. Bulbasaur tenía problemas por la desventaja del tipo así que Steve mandó a sneasel que se acercará al pokémon planta para ayudarle. Sneasel era el que más pidgey tumbaba, parecía que estaba acostumbrado a acabar con ellos y daba golpes con sus garras mientras saltaba de un lado a otro a una velocidad endiablada. Los pidgey hicieron todo lo que pudieron, pero sólo lograron debilitar a bulbasaur con un tornado que hizo un grupo de ocho en conjunto antes de ser derrotados.

Los tres chicos lanzaron pokéball para atraparlos a todos y ninguno logró escapar. Habían capturado veinte pidgey, no se lo creían ni ellos.

- ¿Qué demonios vamos a hacer con tanto pajarraco? –Preguntó Steve-.
- ¡Eh!, no les llames así, con lo guapos que son –respondió Cris justo antes de que le diera un ataque de risa tonta-.
- Lo mejor es repartírnoslos a partes iguales, toca a siete para mí, otros siete para Cris y seis para ti –dijo Kevin dirigiéndose a Steve-, porque tú ya capturaste otro antes.
- Vale, estos pajarillos son demasiado débiles para mi gusto… Sneasel, buen combate. Puedes comer todos los huevos que quieras, sáciate.

La idea le encantó al pokémon, pero Cris y Kevin recriminaron la macabra idea de su amigo, que despreocupadamente decía que ésa era la recompensa para el pokémon que les había permitido llevar a cabo esa gran captura. Después del reparto de pokéball y de que la barriga de sneasel no admitiera ingerir más, siguieron andando en dirección a ciudad Verde. Por el camino Kevin y Cris capturaron con facilidad un rattata cada uno. Steve no quería para nada un pokémon como rattata, pasaba de gastar pokéball en pokémon tan débiles.

Con el gps del pokenav era muy fácil orientarse y antes de que anocheciese llegaron a una colina desde la que se divisaba la ciudad.

- ¡Por fin! –exclamó contento Kevin-. Ya estaba cansado de andar.
- Ha sido un día muy largo, lo mejor es que vayamos al centro pokémon y mañana ya pensaremos qué hacer.

Ya en el centro pokémon enseñaron sus pokédex para que la enfermera Joy curara sus pokémon y poder alojarse allí esa noche. Después de eso se acercaron a un videoteléfono decididos a llamar al profesor Oak para mandarle los pokémon que no querían y contarle todo lo que habían hecho. El profesor respondió vestido con un pijama porque ya era bastante tarde.

- Aquí Oak, ¿quién llama?
- Profesor, somos nosotros –respondió Steve mientras sonreía intentando aguantar la risa que le producía la inusual visión de Oak en pijama-. Ya hemos llegado a ciudad Verde.
- Ahh, estupendo chicos, ¿habéis capturado algún pokémon?
- Pues hemos capturado 7 pidgey cada uno y…
- ¡¿Siete cada uno?! –Le cortó impresionado el profesor- ¿Y cómo los capturasteis?
- Pues sneasel ayudó mucho jeje. Bueno, a lo que iba, que yo le paso todos los míos y Kevin también, pero Cris se va a quedar con el más grande de los suyos. Allá se los mando junto a dos rattata que han capturado Cris y Kevin.
- De acuerdo, no te preocupes, yo cuidaré de ellos.
- Gracias profesor. Ahora nos vamos a dormir que estamos bastante cansados. Buenas noches.
- Yo también me voy a dormir, descansad bien chicos.

Steve colgó el teléfono y fue junto con Kevin y Cris a las habitaciones del piso superior del centro pokémon. Esa noche durmieron de maravilla.

Mewone - April 2, 2006 03:19 PM (GMT)
7. Problemas por partida doble

Las celdas de ciudad Azafrán no eran muy acogedoras. Eran frías e incomodas, con colchones cuyos muelles se clavaban en la espalda y que en ese momento obligaban a moverse a un hombre que buscaba una posición que le permitiera pegar ojo. Estaba a punto de dormirse cuando la puerta de la lúgubre estancia se abrió.

- ¿Karl y Jason? –Los dos presos asintieron- Tenéis visita.

Los dos hombres se levantaron y salieron de la celda escoltados por dos guardias. Ya sabían de quién se trataba la visita, eran rockets y… ¿quién sino su jefe iba a acercarse hasta los suburbios de ciudad Azafrán para ver a dos criminales?

Llegaron hasta una sombría sala separada en dos partes por un cristal y acertaron en sus predicciones, su jefe estaba allí. La semioscuridad de la sala mantenía su rostro en la penumbra, lo que unido a los negros ropajes que vestía le daba una respetable y tenebrosa apariencia. Daba miedo, y más aún cuando comenzó a hablar con una grave y tétrica voz.

- Karl y Jason… Me parece que esta vez habéis metido la pata hasta el fondo. Tenía pensado ascenderos a administradores, pero después de esto me ha quedado claro que aún os queda mucho para llegar a ser de utilidad para la organización.
- Señor –Jason había reunido el valor necesario para intentar excusarse, pero su voz sonaba claramente insegura y débil-, lo sentimos, la culpa fue de Karl que…
- ¡Me da igual de quien fuera la culpa! –Gritó su superior, que ya no hablaba lenta y calmadamente y mostraba un tono de enfado en su voz- No tendría que hacer esto pero os voy a dar otra oportunidad. Por supuesto ya estoy enterado de todo lo que pasó. Sé que dejasteis que dos críos os torearan y mancharan la reputación del Team Rocket. Esto no debe quedar así. Voy a pagar vuestra fianza y quiero que busquéis a esos dos y que me los traigáis.
- Pero señor –esta vez había hablado Karl, que no estaba menos atemorizado que su compañero-, la policía nos confiscó todas nuestras pokéball, no tenemos pokémon con los que cumplir la misión.
- Ya lo sé, ¿acaso te crees que no conozco como funciona la policía de Kanto? Por eso os voy a dar estos dos pokémon, confiando en que no me defraudaréis de nuevo.
- Muchas gracias por todo, puede estar seguro de que cumpliremos nuestra misión.
- ¡Más os vale! ¡Esta es vuestra última oportunidad! –una sonrisa comenzó a formarse en su rostro mientras continuaba hablando- Si volvéis a fracasar mandaré a miembros de la triple S que se asegurarán de que cobréis vuestro último finiquito de una forma muy especial.

Los dos soldados Rocket sintieron como un escalofrío les recorría la espalda mientras su jefe terminaba de hablar y comenzaba a reír malévolamente. La triple S era como se llamaba al Squadron Superior de Seguridad, un grupo dentro del Team Rocket que contaba entre sus filas con los miembros más crueles y eficaces de la organización, quienes juraban lealtad al líder tras ser elegidos por él en persona. Ellos eran los que hacían los trabajos más delicados e importantes, mientras que a los soldados se les dejaba los trabajos sucios y de menor trascendencia. Muchas personas pensarían que asesinar a alguien era un trabajo sucio, pero para los miembros de la triple S hacerlo era un honor; realmente cualquier orden que les diera su líder era algo que sólo tenía dos alternativas: el éxito o la muerte. Por eso sólo se mantenían dentro los mejores. Los que entraban y no tenían el suficiente talento o cometían el más mínimo fallo no volvían a ser vistos, pues su jefe no quería inútiles allí, en la élite del Team Rocket.

A la mañana siguiente, Steve y Kevin se despertaban en el centro pokémon de Ciudad Verde ajenos a todo lo referente al Team Rocket. Después de ducharse y vestirse bajaron al comedor, donde se encontraron con Cris y se sentaron en una mesa para desayunar. Steve, que se había levantado visiblemente animado inició una conversación.

- ¿Qué vamos a hacer hoy?
- Pues hay un gimnasio aquí –respondió Kevin- su líder es Gary, el nieto del profesor Oak.
- ¡Pues vamos a retarle!
- No te aceleres Steve, cuando bajé de mi dormitorio cogí este folleto del mostrador –dijo Cris mientras les enseñaba un papelote plegable-. En él vienen todos los gimnasios de Kanto y dice que el más difícil es el de aquí. Además también pone que Gary sólo acepta retadores que tengan como mínimo 6 medallas, por lo que ya nos podemos olvidar de él hasta dentro de una temporada.
- Mierda, ¿y dónde demonios está el gimnasio más cercano?
- En ciudad Plateada, que está al otro lado del bosque Verde.
- Bueno Steve, al menos podremos capturar nuevos pokémon en ese bosque –expuso animado Kevin-. He oído que en esta época del año muchos pokémon de Johto viven en él.

Steve pareció conformarse con eso y el entusiasmo le volvió al cuerpo. Cuando terminaron de desayunar volvieron a la recepción para recoger a sus recuperados pokémon y pusieron rumbo hacia el norte de la ciudad. En quince minutos llegaron hasta la corta ruta que se dirigía hacia el bosque Verde y sin ningún imprevisto alcanzaron la primera línea de árboles que indicaban el comienzo del bosque.

Se internaron en él siguiendo las indicaciones de Kevin, que miraba su pokenav constantemente, pero a pesar de no ser un bosque muy espeso, parecía que no avanzaban en absoluto. Confirmaron sus sospechas cuando volvieron a aparecer en el lugar por el que habían entrado.

- No entiendo –se excusó un confuso Kevin-, deberíamos haber llegado ya a ciudad Plateada.
- Quizás este bosque esté embrujado- respondió preocupada Cris- ¿Sabéis si hay pokémon fantasmas por aquí?
- O quizás Kevin debería aprender a no coger el pokenav del revés.

Era cierto, el chico estaba agarrando el aparato del revés, lo que provocó que Steve y Cris estallaran en carcajadas y que Kevin se ruborizara, avergonzado.

- Hola chicos, ¿algún problema?

Por el bosque acababa de llegar un hombre vestido con unos pantalones llenos de bolsillos y un jersey de lana, ambas prendas de color verde oscuro. Había pillado a los chicos de sorpresa, ya que con el escándalo que estaban formando no le habían oído llegar. Como no decían nada, el hombre siguió hablando.

- Me llamo Garet y soy guardia forestal. Os vi desde mi torreta y pensé que podríais ser entrenadores.
- Pues sí –se atrevió a decir Kevin-, nos dirigimos a ciudad Plateada para retar al líder de gimnasio de allí.
- ¿Pues entonces que me decís de un combate ahora?

Steve dio un paso adelante con una pokéball en su mano. A pesar de tratarse de su primer combate contra un entrenador parecía muy seguro de sí mismo.

- ¡Por supuesto!, un combate a dos pokémon. ¡Adelante!

Ambos entrenadores lanzaron sus pokéball. Del lado de Steve salió charmander y el guardabosques envió a la batalla a un pequeño pokémon parecido a un tomate. Steve sacó su pokédex y la apuntó hacia el pokémon rival mientras Garet se quedaba embobado mirando los destellos de charmander.

- “Hoppip, pokémon planta-volador. Es natural de Johto, pero aprovecha el viento para emigrar a lugares más cálidos. Su pequeño peso y tamaño le permiten ser arrastrado por las corrientes de aire”.
- Bien charmander, tenemos ventaja de tipo, ¡ascuas!

El pokémon de fuego lanzaba por su boca una bola de llamas tras otra que se dirigían aparentemente imparables hacia hoppip. Su entrenador le mandó esquivar las ascuas y hacer un ataque llamado esporagodón. Steve se preguntaba cual sería ese ataque, pero no lo pudo llegar a ver porque debido a la ausencia de viento hoppip no se pudo mover con la suficiente velocidad para esquivar el ataque de charmander, que le dejó abrasado.

- Vaya, qué fácil es esto de los combates.

Steve se reía con ganas esperando el siguiente pokémon de su rival, que sonreía dando la impresión de tener aún esperanzas para ganar el combate. De la pokéball apareció un extraño pokémon de color azul y forma humana con una espiral negra en su barriga, que a diferencia del resto de su cuerpo era blanca. La pokédex volvió a hacer su trabajo.

- “Poliwhirl, de tipo agua y evolución de poliwag. Este pokémon siempre mantiene su piel húmeda para mantener su temperatura corporal. Le encanta nadar y en la batalla lanza poderosos ataques de agua combinados con precisos puñetazos”.
- ¡Es mi mejor pokémon!, siempre que hay algún incendio me es de gran ayuda. Tu charmander no podrá hacer mucho contra él, ni siquiera el ser shiny le salvará.
- ¡Eso habrá que verlo! –dijo Steve para darse ánimos, pues sabía que su rival tenía razón- ¡Comienza con un gruñido!

Garet ordenó una pistola de agua que se dirigió hacia charmander, pero éste la esquivo de un salto y pudo lanzar su gruñido antes de ser derribado por otro potente chorro de agua procedente del centro de la espiral de poliwhirl.

Steve recogió a su debilitado pokémon y lanzó a su último pokémon a la batalla. Sneasel tenía que destrozar a ese poliwhirl, él nunca le había fallado.

- ¡Aprovecha tu velocidad sneasel! ¡Ataque rápido y arañazo!
- ¡No le dejes, usa tu ataque burbuja para frenarlo!

Sneasel se lanzó en carrera hacia poliwhirl, que esperó hasta que estuviera cerca para asegurar su ataque. La táctica le salió bien y las burbujas hicieron retroceder a su rival.

- Eso no funciona, ¡intenta una finta!

El guardabosques mandó a su pokémon que repitiera el movimiento anterior, pero cuando sneasel estaba a punto de llegar hasta él, desapareció de la vista durante un breve instante para reaparecer por su espalda y propinarle una serie de arañazos que deformaron la espiral de poliwhirl, quien intentaba golpear sin éxito a su tormento con un doblebofetón. La pokédex de Steve, que sobresalía de su bolsillo y apuntaba a la batalla, de repente comenzó a informar.

- “Golpes furia, ataque que aprende sneasel al subir de nivel”.
- Bien, ¡pues sigue con los golpes furia!

Sneasel continuó con el ataque, pero no era necesario porque poliwhirl ya yacía en el suelo debilitado. Un rayo de luz roja lo retiró de la batalla y Garet fue hasta donde estaba Steve para darle la mano.

- Buen combate chico, pero tu sneasel lucha muy cruelmente.
- Sí, me gusta que lo haga. Así exterioriza todo su poder –respondió el chico mientras felicitaba a sneasel y lo metía en su pokéball-.

Kevin y Cris, que habían estado mirando la batalla desde una distancia prudente, se acercaban en ese momento hacia ellos. El primero venía corriendo y con su típico entusiasmo hacía comentarios de la batalla del tipo “¡Fue increíble cuando sneasel hizo la finta! ¿Visteis qué velocidad llevaba?” “¿Y charmander? ¡Hizo cenizas a hoppip como si nada! ¡Qué pasada!” Cris llegó poco después hasta Steve y tras felicitarle por su victoria le dio un beso en la mejilla que quedó desapercibido por Garet y Kevin, quienes estaban inmersos en una conversación sobre la batalla.

Steve se había quedado medio atontado, pero salió de su estupor cuando Garet avistó humo a lo lejos y gritó:

- ¡Un incendio! ¡Lo siento chicos, pero tengo que ir allí sin perder ni un segundo!
- ¡Nosotros vamos contigo! –Respondió Kevin corriendo detrás del guarda- Tenemos pokémon de agua que pueden ayudar.
- Muy bien, ¡entonces corred!

Mewone - April 4, 2006 01:00 PM (GMT)
8. El dolor de una pérdida

A toda velocidad, corrieron a través del bosque hasta llegar a otro claro bastante amplio ocupado por una casita rústica de madera y un helicóptero.

- Subid –ordenó Garet-, hay sitio de sobra y llegaremos enseguida.

Los cuatro subieron en el aparato y Garet accionó la gran hélice superior, por lo que empezaron a ganar altura rápidamente. Era estupendo, ninguno de los chicos había volado antes y aprovecharon para mirar hacia abajo mientras se dirigían al lugar en el que las avivadas llamas sobresalían entre los árboles. De repente, Kevin pareció darse cuenta de algo.

- ¡No podemos ir en helicóptero, nos descalificarán de la Liga!
- No te preocupes por eso –contestó con firmeza Garet-, nadie os verá y además esto es una emergencia.

Con todo aclarado le dio un par de medicinas a Steve para que restaurara la vitalidad de sus pokémon junto a las pokéball de hoppip y poliwhirl que también precisaban ser curados. No los curó él mismo porque se encontraba a los mandos del helicóptero, que empezó a aterrizar a una distancia prudente del fuego justo cuando Steve había terminado su tarea de reanimador pokémon. Los cuatro bajaron y corrieron hacia el incendio con Garet a la cabeza. A Cris le costaba avanzar al ritmo de los chicos y protestó.

- ¿No deberíamos ir a ciudad Plateada a avisar a los bomberos?

Sabía que era una sugerencia estúpida porque el incendio estaba al lado de Ciudad Plateada y sus habitantes lo habrían visto enseguida, aunque el viento lo extendía hacia el este y no suponía ningún peligro para ella. Al menos de momento, porque poco a poco el fuego iba creciendo y al igual que un globo explota al ser inflado demasiado, las llamas podían causar cualquier catástrofe si seguían creciendo a ese ritmo. Kevin respondió a su amiga, parecía animado y preparado para cualquier cosa que hubiera que afrontar.

- Oh, vamos Cris, ¡si nadie ha visto el fuego desde ciudad Plateada yo soy el Campeón de la Liga!

Y todos siguieron corriendo con la vista dirigida al cielo, fijándose en las elevadas lenguas de fuego y su aliento de humo.

- ¡Sacad a todos los pokémon que puedan ayudar a apagar el fuego!

Gritó el guardabosques mientras lanzaba tres pokéball. De las dos primeras salieron poliwhirl y un pequeño pokémon volador con cresta y cara de pocos amigos al que los chicos ya habían visto en sus pokédex al comprobar las especies que vivían por los alrededores de ciudad Verde: un spearow. De la última pokéball apareció un pokémon anaranjado de figura cuadrúpeda que lanzó un rugido nada más ser liberado. Era un arcanine, como inmediatamente constató la pokédex de Steve.

- ¡Vaya bicho! –Exclamó Steve- ¿Pero por qué no lo utilizaste en nuestro combate? Lo habrías ganado seguro.
- No lo usé contra ti porque es un pokémon prestado del ministerio de medio ambiente para casos como éste.

Steve, que no sabía nada de política, parecía confuso.

- ¿Ministerio de medio ambiente?
- Claro –aclaró Cris-, es uno de los subdepartamentos del gobierno de Kanto y Johto. El ministro de medio ambiente es Koga.

Pero su amigo aún parecía no entender nada.

- ¿Pero Koga no es uno de los miembros del Alto Mando?
- Chicos, ya habrá tiempo para hablar más tarde, ahora debemos hacer frente al fuego, sacad a los pokémon que puedan ayudar.

Todos hicieron caso a Garet y lanzaron algunas pokéball. Cris envió a squirtle y pidgey, Kevin a wooper y Steve a charmander. Cris mandó a pidgey lanzar arena contra las llamas y a squirtle usar su ataque pistola de agua; wooper y poliwhirl también usaban ese ataque. Arcanine ya había desaparecido hacía tiempo entre las llamas, que parecían meterse en su cuerpo, Garet les explicó que eso era debido a su habilidad, absorción fuego. A spearow le ordenó que diera una vuelta por la zona y que intentara localizar a alguien sospechoso de haber provocado el incendio. Mientras tanto Steve llamó a charmander para decirle algo por lo bajo.

- Charmander, no puedes hacer mucho para apagar el fuego, así que tengo una misión para ti.

La pequeña lagartija bípeda miró con firmeza a su entrenador, haciéndole entender que obedecería cualquiera de sus órdenes. Steve continuó hablando.

- Eres de tipo fuego así que las llamas apenas te afectarán. Quiero que busques pokémon y que luego me lleves hasta ellos, ¿de acuerdo?

Charmander lanzó un agudo gruñido y se internó en el cada vez más carbonizado bosque. Ninguno se enteró de lo que hacía porque estaban demasiado entretenidos luchando contra el incendio. Tras unos minutos volvió spearow y les hizo señas para que le siguieran. Parecía haber encontrado algo, así que se dividieron en dos grupos, Kevin y Cris se quedaron para supervisar el trabajo antiincendio de los pokémon y Steve y Garet siguieron al pajarillo bordeando el fuego y caminando a favor del viento. De vez en cuando veían pokémon de tipo bicho que corrían asustados intentando huir del fuego que quedaba a sus espaldas y que iba debilitándose poco a poco. A Steve le habría gustado capturar alguno de esos pokémon y sus ganas se acentuaron aún más cuando vio un veloz scyther que volaba a ras de suelo como una centella verde, pero sabía que ese no era el momento de atrapar nada.

Siguieron corriendo hasta que se encontraron con una extraña y larga red metalizada que se extendía hasta más allá de su vista. Había algunos pokémon chamuscados a su lado que desprendían el olorcillo característico de una barbacoa. No había ninguno muerto pero estaban lo suficientemente debilitados como para no poder moverse. Garet los observó y se lamentó.

- Mierda, esto es obra de cazadores furtivos. Con el incendio provocan que los pokémon vengan hacia aquí y al chocar con esta valla quedan electrocutados. Un plan bastante cruel.
- ¡Tenemos que encontrarlos! ¿Seguimos la alambrada?
- No, lo mejor es quedarnos aquí a esperar porque aún no han atrapado los pokémon de esta zona, como puedes ver. Escondámonos detrás de esos arbustos.

Esperaron camuflados entre la maleza un rato con la vista puesta en la red electrificada. La monotonía del ambiente se rompió cuando escucharon pasos acercándose. Ambos se prepararon para la acción, pero resultó ser charmander que por lo visto estaba recorriendo la valla con el fin de encontrar algún pokémon fuerte para su entrenador. Steve le llamó y le preguntó si había visto a alguien capturando pokémon y por dónde. Charmander afirmó con su cabeza y señaló al norte con su garra. Steve le felicitó por su trabajo y le guardó en su pokéball.

- Entonces deben de estar trillando la valla hacia esta dirección.
- Sí –respondió Garet-, está bien pensado porque así se van alejando cada vez más de ciudad Plateada y disminuyen las posibilidades de ser vistos.
- Bien, pues entonces…

El guardabosques le acababa de hacer una señal para que se callara porque acababa de divisar un destello rojo procedente de una pokéball que seguramente había sido lanzada para atrapar a uno de los churruscaditos pokémon. Segundos después aparecieron cuatro hombres embutidos en unos trajes negros que Steve conocía muy bien. Eran cuatro rockets y cargaban con sacos llenos de pokéballs. Garet comenzó a hablar entre susurros.

- ¿Tienes algún plan?
- ¡Sí, ir a por ellos!

Garet dio una colleja a Steve porque había expuesto su “plan” a gritos y los rockets se acercaron a ellos dando a entender que les habían oído. Pero Steve estaba como loco y no le importó ni el guantazo del guardabosques ni que los rockets les hubieran descubierto y salió a su encuentro.

- Malditos desgraciados, sólo a vosotros se os ocurre prender fuego a un bosque para atrapar a todos esos pokémon. ¡Os reto a un combate! ¡Adelante charmander y sneasel!

Garet no tuvo más remedio que salir detrás de él y lanzar las pokéball que le quedaban en el cinturón, de las que salieron hoppip, spearow, un beedrill y un rattata. Sabía que estaban en una preocupante desventaja numérica pero no se rendirían sin luchar. Los rockets se reían a carcajada limpia y uno de ellos se dirigió a los entrenadores hablándoles de manera tan arrogante como Steve, pero sin gritar.

- Vaya vaya, un niño y un guardabosques barbudo me quieren pegar, ¡mami tengo miedo!

Sus compañeros le rieron la gracia y enviaron sus pokémon a luchar. Aparecieron un total de doce, casi todos de tipo veneno, aunque había dos de tipo siniestro con una pinta bastante amenazadora.

Todos los entrenadores dieron sus órdenes y la batalla comenzó. Steve, al igual que su compañero, sabía que era muy difícil que ganaran esa batalla, eran seis pokémon contra doce, y ésta vez no se trataba de débiles pidgey salvajes. Un par de ekans lanzaban chorros de ácido a rattata y le perseguían con la apetitosa idea de darse un banquete, mientras que tres apestosos koofing expulsaban gases venenosos que nublaban todo y hacían muy difícil seguir la batalla. Esto le dio a Steve una idea.

- ¡Charmander, ascuas al gas!

El contacto del fuego con el gas provocó una tremenda explosión que debilitó de inmediato a los koofing y dos nidoran hembra que estaban en aquella zona apalizando al frágil hoppip, que también cayó con la onda expansiva. Steve iba a felicitar a su pokémon cuando recibió una súbita embestida de un nidorino que le pilló desprevenido y acabó con él. Los pokémon que no podían seguir luchando fueron recogidos por sus pokéball y continuó el combate, ahora eran tres contra siete.

En el aire, beedrill mantenía una encarnizada lucha a la defensiva con un golbat y un murkrow que se había acercado en la ayuda de su compañero tras haber vencido a spearow, y en el suelo rattata y sneasel tenían muchos problemas para mantener a ralla a seis pokémon ellos solos. Sobre todo el primero, que en ese preciso instante había sido alcanzado por el ácido de uno de los ekans y había tenido que dejar de correr para enfrentarse cuerpo a cuerpo en una batalla con mucha desventaja. La pequeña rata pokémon intentaba morder a sus enemigos con sus colmillos, pero la táctica no le salía muy bien porque al acercarse los ekans intentaban apresarle con un ataque repetición, estaba a punto de caer abatido. Sneasel había logrado debilitar con unos golpes furia a un pequeño poochyena apenas entrenado, pero ahora tenía que vérselas con un venonat y con nidorino. Con una hábil finta consiguió colocarse detrás de venonat para acuchillarlo con ambas garras. El peludo pokémon bicho no aguantó el ataque y tuvo que ser retirado de la batalla, al igual que rattata, que ya sin conocimiento fue salvado de la boca de un ekans que estaba intentando comérselo. Beedrill estaba perdiendo terreno ante sus rivales, que además de ser dos, uno de ellos tenía ventaja de tipo. Esto hizo reaccionar a Garet.

- ¡Beedrill doble ataque y ataque furia a golbat!

La enorme avispa realizó el doble ataque satisfactoriamente haciendo retroceder levemente a sus adversarios y aguantó estoicamente el picotazo con el que murkrow contraatacó para ensartar repetidamente a golbat con sus aguijones y debilitarlo. Sin embargo un chorro de ácido arrojado por un ekans desde el suelo le despistó lo suficiente para que murkrow terminara con su encarnizada resistencia.

Ya sólo quedaba sneasel en pie, quien comenzó a hacer fintas por todo el área de combate para intentar engañar a sus cuatro rivales y huir de ellos. Una gota calló en la mejilla de Steve, no era de su sudor, estaba comenzando a llover. El chico animó a su pokémon.

- ¡Bien sneasel, aguanta un poco más!
- ¡Pues si no podemos acabar con el pokémon acabaremos con vosotros! ¡Nidorino cornada al barbudo!

El pokémon avanzó corriendo hacia Garet quien saltó a un lado para esquivarlo, pero nidorino frenó en seco y volvió a embestir. Steve se apresuró a pedir ayuda a sneasel, quien llegó hasta nidorino y se enzarzó en una bestial lucha cuerpo a cuerpo a la desesperada contra él para salvar a Garet.

- ¡Imbécil, ahora que tu pokémon está reteniendo a nidorino nuestros otros tres pokémon os matarán! ¡Ekans ácido!

Garet volvió a esquivar el ataque, pero murkrow le atacó desde el aire por la espalda y le derribó, dejándole a merced del ácido del otro ekans, que esta vez sí dio en el blanco. El pobre hombre gritó de dolor antes de que los tres pokémon se lanzaran a terminar con su vida. Sneasel estaba ganando a nidorino, a pesar de no estar acostumbrado a luchar de la forma en la que lo estaba haciendo, pero su rival no le dejaba acudir hacia Garet. Steve no pudo permanecer impasible e intentó salvarle dando puñetazos a uno de los ekans que le lanzó de un coletazo contra un árbol y siguió atacando al desdichado guardabosques con picotazos venenosos y ácido. Los rockets se estaban divirtiendo con la escena y comenzaron a gritar a sus pokémon como si estuvieran en un combate de boxeo. El crepitar del fuego ya bastante calmado y el ligero golpeteo de la lluvia contra el suelo se mezclaban con sus bramidos y los alaridos de la víctima. Era espeluznante.

De pronto los gritos de Garet cesaron. Steve se temió lo peor. Gritó a los rockets y daba puñetazos al embarrado suelo desesperadamente.

- ¡Cabrones! ¡Le habéis matado!
- Jajajajaja, ¡sí, y tú serás el siguiente!

La agonía de Steve llegó hasta los oídos de sneasel y surtió un extraño efecto en él. También comenzó a gritar y por fin derrotó a nidorino, despejando el camino para lanzarse con un ataque agilidad a por los otros tres pokémon que ya le esperaban preparados para recibir la poderosa embestida que se les avecinaba. Los ojos de sneasel brillaban inyectados en sangre, lo que unido a los agudos chirridos que emitía rasgando el aire le daban un aspecto terrorífico. Justo antes de acuchillar a un ekans con sus garras hizo una finta y derrotó a las dos serpientes pokémon a la vez. Murkrow estaba aterrorizado e intentó levantar el vuelo para alejarse del demente pokémon que tenía a su lado, pero no le dio tiempo y rebotó contra el suelo impulsado por el golpe que sneasel le había propinado empleando su ataque rápido. El pajarraco negro yacía debilitado pero a sneasel eso le dio igual y siguió acuchillándole sin pausa y sin parar de emitir los horribles chirridos.

- ¡Steve!

El chico levantó su cabeza y pudo ver como Cris y Kevin se acercaban seguidos por varios agentes de policía que rodearon a los rockets con sus growlithe y les arrestaron. Pero a Steve no le importaba. Pensamientos de culpa azotaban su mente mientras un trueno hacía eco en todo el bosque.

Sus amigos corrieron hasta él y Cris le envolvió en sus brazos nada más llegar. Él comenzó a hablar con la mirada perdida.

- Garet ha muerto, ha muerto por mi culpa, por salir al encuentro de esos hijos de perra como un loco. ¡Mierda!
- Hiciste todo lo que pudiste Steve –le consoló Cris mientras su amigo lloraba desconsolado-, ya no vale la pena lamentarse, está en un lugar mejor.

Mewone - April 6, 2006 12:38 PM (GMT)
9. Dos nuevas adquisiciones

- ¡Sneasel, sin piedad, continúa con tus golpes furia!

Las firmes órdenes de Steve rompían los melódicos cantos de los pajarillos que se oían en el campo de entrenamiento del centro pokémon de ciudad Plateada. Esa noche apenas había dormido y había estado pensando en los sucesos ocurridos el día anterior. Había sido uno de los peores de su vida, por no decir el peor; cuando logró calmarse un poco, la policía le interrogó sobre lo sucedido y pudo ver la desagradable escena de los agentes envolviendo el cuerpo inerte de Garet en plásticos tanatorios para transportarlo a la ciudad. También observó con odio a los cuatro rockets esposados y escoltados por unos cuantos policías. Y a varios growlithe separando al furibundo sneasel de su víctima, la cual yacía en un charco de agua y sangre embarradas. El jefe de policía recogió a todos los pokémon debilitados de los rockets que aún no habían sido devueltos a sus pokéball, pero no hizo lo mismo con murkrow. Había una razón: sneasel lo había matado. Steve le guardó en su pokéball sin decirle nada, en aquel momento nada le preocupaba, estaba como insensibilizado, sin embargo cuando por la noche pudo pensar tranquilamente se dio cuenta de que estaba orgulloso de su pokémon, sabía que entre ellos había algo más que simples vínculos de amistad, estaban en deuda de vida mutua y no le importó que matara a ese murkrow. La vida le acababa de demostrar que había que luchar para sobrevivir y que sólo consigue aguantar el más fuerte. Había decidido que nadie le haría morder el polvo nunca más y por eso estaba entrenando a sus pokémon de madrugada.

- ¡Charmander, si sneasel corta esos troncos con sus golpes furia tú también puedes hacerlo con tu ataque garra metal! ¡Vamos, sin descansar!
- ¡Steve! ¡Son las 6 y media de la mañana! ¿Qué estás haciendo?

Kevin acababa de entrar por la puerta que unía el centro con el campo de entrenamiento con una cara que reflejaba una mezcla de sueño y aturdimiento. Los gritos de Steve le habían despertado. Su amigo se dio la vuelta y se acercó hasta él, no sin antes decir a sus pokémon que siguieran con sus ejercicios.

- Kevin... He estado reflexionando sobre lo de ayer y…
- No debes atormentarte por eso tío –le cortó Kevin-, la próxima vez estaremos preparados.
- ¡Sí! ¡Voy a entrenar mucho más y mejoraré! ¡Impediré que las personas mueran!

Un tono de furia impregnaba las palabras de Steve. Parecía hablar muy en serio y volvió a gritar órdenes a sus pokémon. A Kevin le invadió una sensación de pena hacia él y sacó a sus propios pokémon.

- Pues yo te ayudaré, ¿somos amigos verdad?

Steve le lanzó una fugaz sonrisa y cambió el entrenamiento adaptándolo para cuatro pokémon.

Así estuvieron un par de horas hasta que decidieron ir a desayunar. Ya estaban sentados en la mesa cuando vieron entrar en la cafetería a Cris acompañada por la enfermera Joy. La primera les saludó alegremente.

- ¡Buenos días chicos! –Entonces se dirigió a Steve un tanto temerosa- ¿Qué tal estás Steve?
- Mucho mejor que ayer, hemos estado entrenando un rato.
- ¡Estupendo! Bueno, Joy me ha dicho que tiene algo que contaros.

Los tres se volvieron hacia la enfermera y ésta comenzó a hablar con un tono de voz afectado y una sonrisa un tanto forzada.

- Así es, mirad, antes vino mi amiga Mara y me explicó todo lo que había pasado –hizo una pausa durante un segundo en el que miró a Steve a los ojos y continuó hablando-. Fuiste muy valiente Steve.

El chico abrió la boca para alegar algo, pero Joy no le dejó y volvió a tomar la palabra.

- La agente Mara dijo que habían confiscado los pokémon de los rockets y que habían vuelto a poner en libertad a los pokémon que habían caído en esa horrible red. Sin embargo vieron esta superball y decidieron que te darían el pokémon que contiene por todo lo que hiciste ayer –la cara de Steve cambió mostrando una expresión de sorpresa-. Las superball son mejores que las pokéball, atrapan a los pokémon que éstas no pueden atrapar. Por eso pensaron que éste era muy fuerte.

Cogió la mano de Steve entre las suyas y le dejo una diminuta esfera de color azul y blanco. Le cerró la mano a su alrededor y añadió:

- Aquí tienes.
- ¿Y qué hicieron con los pokémon de Garet? –Preguntó Cris-.
- Serán entregados al guardabosques que le sustituya. Por cierto, su entierro es mañana a las 12, por si queréis ir. Ahora si me disculpáis tengo que volver a la zona de cuidados pokémon. Hay que cuidar de muchos pokémon que fueron alcanzados por el fuego.

Les guiñó un ojo y salió de la cafetería. En cuanto desapareció de su vista Kevin estalló en exclamaciones de júbilo.

- ¡Tío! ¿A qué esperas? ¡Lanza la superball y mira qué pokémon hay dentro!
- Bueno –Steve no parecía muy emocionado, pero sonreía ligeramente. Cogió la superball y pulsó el botón situado en su zona central para agrandarla y lanzarla-. ¡Adelante!

Al chocar contra el suelo, dejó escapar un rayo de luz rojo que fue tomando forma. Dos cortas pero robustas piernas, unos musculosos brazos terminados en pequeñas pezuñas afiladas, dos pares de alas transparentes que salían de su espalda y un gran cuerno tan largo como uno de sus brazos. El haz de luz roja se solidificó tras tomar forma y se convirtió en azul marino.

- ¡Un heracross! –Exclamó Cris- Mirad que cara más tierna ayssss.

Steve sacó su pokédex de la chaqueta y la abrió para ver que decía de su nuevo pokémon.

- “Heracross, de tipo bicho-lucha –la voz mecánica de la pokédex se mezclaba con los grititos emocionados de Cris, que contrastaban con el silencio de Kevin, que miraba al pokémon con la boca abierta y le daba un aspecto de atontado bastante gracioso-. Este pokémon es oriundo de Johto, aunque en sus migraciones ha llegado hasta ciertas zonas de Kanto y Hoenn. Posee suficiente fuerza como para arrancar un árbol de buen tamaño, lo que junto a su gran cuerno hacen de él un pokémon muy poderoso en combate.
- Bien, pues voy a probarle contra el líder de gimnasio –dijo Steve-. Vamos heracross.

El escarabajo gigante hizo un extraño ruido de despedida y fue devuelto a la superball. Su entrenador se había levantado de golpe de la silla en la que estaba y ya se dirigía firmemente hacia la puerta de la estancia.

- ¡Buena suerte! –le gritó Cris-.
- ¡Eso! Nosotros estaremos entrenando para retarle cuando vuelvas.

Steve les respondió con un gracias y salió de allí decidido a ganar su primera medalla. Mientras caminaba por las grises calles empedradas y era salpicado por el agua de los aspersores que a esas horas regaban los jardines de los chalets de la ciudad se obligó a pensar en un plan para derrotar a los pokémon roca de Brock. Sabía que charmander era el peor de los tres pokémon iniciales para ganar en ese gimnasio. El tipo hielo de sneasel era débil a la roca, al igual que el tipo bicho de heracross, sin embargo a heracross los ataques roca le hacían daño normal porque no eran muy efectivos contra su tipo lucha. Además los ataques de lucha eran muy efectivos contra el tipo roca… Todos estos pensamientos rondaron la cabeza de Steve hasta que llegó a un edificio de tamaño mediano con un cartel al lado de la puerta que indicaba que se trataba del gimnasio de ciudad Plateada.

Entró y una mujer con uniforme de trabajo le salió al encuentro.

- Buenos días. ¿Qué desea?
- Hola, quería retar al líder del gimnasio, por favor.
- ¿Me deja su identificación?

Steve le entregó su pokédex y la secretaria se la devolvió tras comprobar que era un entrenador oficial.

- Muy bien, Steve –le dijo mientras tecleaba en un ordenador-. Puede pasar ahora mismo, el líder ya ha sido informado de que este es el primer gimnasio que visita y le explicará lo que debe hacer a continuación. Buena suerte.
- Gracias.

Cruzó el umbral que separaba el vestíbulo con la arena de combate y se situó en el recuadro del retador. En el otro extremo del campo se encontraba un hombre oculto por las sombras. Dio un paso adelante y quedó iluminado por la luz que entraba por las ventanas. Era alto y de complexión fuerte. Tenía una expresión severa acentuada aún más por la barba que surcaba su cara.

- Bienvenido a mi gimnasio, entrenador. Será un combate de dos contra dos sin límite de tiempo. ¡Adelante anorith!

“Vaya, no se anda con contemplaciones”, pensó Steve mientras lanzaba la pokéball de charmander y sacaba la pokédex.

- ¡Charmander, garra metal, igual que esta mañana!
- ¡Fortaleza!

Mientras charmander intentaba penetrar la coraza del extraño pokémon de Brock, que se asimilaba a un cangrejo sin patas, Steve miró los datos de anorith en su pokédex. No sacó mucho en claro, pero se enteró de que era un pokémon prehistórico de tipo roca-bicho, por lo que no había sido mala idea utilizar a charmander. Como la garra metal no hacía mucho le ordenó un ataque ascuas. Al oírle Brock pareció divertirse.

- Esto te sorprenderá, ¡pistola de agua!

Las ascuas y la pistola de agua se encontraron y se anularon mutuamente. Steve no se esperaba ese ataque de un pokémon roca-bicho, ahora se tendría que andar con mucho más cuidado. Obligó a su cerebro a pensar una estrategia y se le ocurrió algo.

- ¡Charmander, otra vez garra metal!
- ¿Pero no ves que eso no funciona? Fortaleza de nuevo.

Eso era lo que había intuido Steve que haría Brock, tenía un estilo de lucha defensivo y ése era su error. Anorith hizo el ataque que le ordenó su entrendor y con un brillo plateado de su coraza esperó la acometida de charmander, pero cuando éste se encontraba a metro y medio Steve le dio otra orden.

- ¡Ascuas!

Brock ordenó una pistola de agua que no llegó a tiempo y tuvo que recoger a anorith, que había quedado boca arriba bien asado por la potencia de las ascuas a tan poca distancia. Hasta olía bien.

- Bien hecho chico, la fortaleza sólo defiende de los ataques físicos como garra metal, por eso las ascuas acabaron con él.

El árbitro anunció el resultado momentáneo del combate y Brock lanzó una superball a la arena. Esta vez apareció un pokémon enorme y rocoso con forma de serpiente que lanzó un grave rugido que hizo retumbar el gimnasio. Debía medir unos nueve metros.

- ¡Es onix! –Anunció Brock-. ¡A ver que hace tu pequeño charmander contra él!
- ¡Es de tipo roca así que hazle una garra metal!

Steve sólo quería debilitar un poco a onix, porque sabía que aunque charmander estaba prácticamente intacto no podría derrotarle. La lagartija dorada se acercó en carrera a la gigantesca serpiente con una de sus garras brillando, pero antes de que le lograra golpear fue lanzado contra una de las numerosas rocas que había desperdigadas en la arena de combate gracias a un ataque portazo de onix. Se levantó a duras penas y desde allí lanzó unas ascuas que se convirtieron en cenizas al golpear el duro cuerpo del pokémon rocoso, que se acercaba a toda velocidad para enroscársele y hacerle una atadura.

- ¡No le dejes escapar! ¡Debilítalo lentamente!

Los brazos de charmander habían quedado atrapados por la atadura, así que charmander no podía hacer ningún ataque garra metal. Steve estaba a punto de recoger a su pokémon cuando éste comenzó a brillar. Todo su cuerpo estaba envuelto en un brillo dorado cegador mientras iba aumentando su tamaño. Onix lo dejó caer del susto. Sus garras se hicieron el doble de largas y le salió un cuerno en la cabeza. El resplandor cesó con unos destellos plateados y dejó ver a un nuevo pokémon. Charmander ya no existía, ahora era un charmeleon del mismo color dorado que tenía antes de evolucionar. Y estaba furioso: pisoteaba el suelo sin parar y lanzaba fuego por la boca. Steve estaba encantado.

- ¡Bien! ¡Enséñale tu furia!
- ¡Está durando demasiado! ¡Lanza rocas!

Onix hacía temblar el techo con sus rugidos haciendo que cayeran grandes piedras por el campo de batalla y con su cola golpeaba las rocas que encontraba para hacerlas añicos y lanzárselas a charmeleon. Éste las esquivaba y saltaba ágilmente de una en otra acercándose a su enemigo cada vez más furioso. Ninguna roca le alcanzaba así que Brock cambió de idea y mandó a onix ir bajo tierra, lo que enfureció aún más a charmeleon, que pisoteaba el suelo con fuerza como creyendo que así haría salir a onix. Finalmente, la pétrea serpiente emergió justo debajo de él y lo llevó a las profundidades del gimnasio. Ninguno de los entrenadores podía ver lo que pasaba, sólo sentían el suelo temblando bajo sus pies. Ambos esperaban ansiosos que alguno de los pokémon saliera victorioso, y el que lo hizo fue onix, que llevaba en sus fauces a un desmayado charmeleon. El árbitro levantó la bandera para indicar que no podía seguir luchando y Steve lo retiró.

El chico miró a onix durante un momento examinándolo. Tenía la cara llena de marcas de garras, por lo visto charmeleon se había resistido antes de caer. Se sentía orgulloso de su pokémon, pero ahora debía enviar a otro para que terminara el trabajo que charmeleon había empezado. Y ya tenía claro cual sería ese pokémon.

- ¡Te elijo a ti, heracross!

El pokémon salió de su superball saludando a los presentes con su característico grito de guerra y se colocó en posición de combate.

- Tu onix está cansado y no podrá con heracross.
- ¡Onix puede aguantar mucho más que esto! ¡Placaje!
- ¡Aguante!

El enorme y pétreo pokémon se lanzó como una avalancha a por heracross y éste esperó el impacto clavando sus pezuñas en el suelo. Cuatro metros, dos metros, medio… Y onix chocó contra su objetivo, arrastrándolo con fuerza. Iba a empotrarlo contra la pared si no reaccionaba.

- ¡Heracross, contador!

Como si hubiera estado esperando esa orden, el escarabajo aprovechó el empuje de onix para, con una increíble muestra de fuerza, levantarlo del suelo y lanzarlo contra la pared. Steve iba a mandarle un último ataque a su pokémon cuando el árbitro levantó la bandera a su favor. El alargado cuerpo de onix reposaba apoyado en la pared sin moverse, no había podido resistir más. Steve levantó el puño como signo de victoria y recogió a heracross felicitándole por su trabajo. Había ganado el combate. Brock, que también devolvió a onix a su superball, se acercó y le puso en la mano un pin octogonal y plateado. No parecía enfadado por haber perdido, sino todo lo contrario.

- Te hago entrega de la medalla Roca, guárdala para demostrar que ganaste en el gimnasio de ciudad Plateada.
- Gracias –respondió Steve-, así lo haré.
- Tienes futuro –continuó Brock-, pocos son capaces de derrotarme sin utilizar un pokémon agua o planta. Me ha gustado este combate, no lo olvidaré.

Steve sonrió y se dieron la mano antes de despedirse. La primera medalla ya estaba en su poder.

Mewone - April 8, 2006 12:41 PM (GMT)
10. Día de ocio en ciudad Plateada

Salió del gimnasio y se dirigió de nuevo al centro pokémon, donde le esperaban sus amigos, que estaban entrenando. Kevin le vio entrar y rápidamente se acercó a él para acosarle a preguntas.

- ¡Hey Steve! ¿Qué tal te fue en el gimnasio? ¿Ganaste verdad? Tienes que haber ganado, se te ve en la cara, además…
- Sí –le interrumpió Steve riéndose-, he ganado y además charmander ha evolucionado.
- ¡Eso es estupendo! –Dijo Cris- Enséñamelo porfa.

El insinuante tono con el que habló su amiga unido a la cara de niña buena que puso le hizo recordar a Steve el beso que le dio en el bosque Verde cuando ganó a Garet. Sabía que era una bobada, pero no podía quitárselo de la cabeza. Intentó alejar ese pensamiento y liberó al pokémon shiny, que desató un espectáculo de luces, haciendo honor a su característica especial. Kevin no pudo reprimir un susurro de admiración y Cris le miraba mientras sonreía.

- Para ser un charmeleon es bastante guapo –comentó la chica antes de que todos comenzaran a reír-.
- Bueno –dijo Steve-, estoy muerto de hambre, ¿vamos a comer?

Sus amigos también estaban hambrientos después de haber estado entrenando y estuvieron de acuerdo en descansar un rato. Recogieron a sus pokémon y, a pesar de que la cafetería del centro pokémon también era restaurante, buscaron un lugar donde comer por la ciudad. Siguieron el consejo de la enfermera Joy y fueron a uno céntrico con una bonita terraza generosamente iluminada por el sol de mediodía de finales de mayo.

Se sentaron en una mesa de madera cubierta por un pequeño mantel de color blanco e inmersa en una leve penumbra originada por una bonita sombrilla con un poste de madera y metal. Pidieron y aprovecharon para charlar mientras les traían los platos.

- Dios, que ganas de que traigan ya esas chuletas de miltank… -Dijo Kevin mientras se relamía-.
- La verdad es que saben muy buenas, pero estuvieron a punto de prohibir su consumo -explicó Cris-. Un grupo ecologista montó mucha bulla con ello y se presentó la queja al gobierno, pero éste no la aprobó.

Esto hizo recordar algo a Steve y enseguida se lo contó a sus amigos.

-¡Es verdad! Cris, dijiste en el bosque que nos ibas a explicar cómo iba el gobierno, ¿recuerdas?
- Ah, sí. Bueno pues veréis, las regiones de Kanto y Hoenn están unidas bajo el mismo régimen, un régimen liberal unipartidista cuyo presidente es Lance.
- ¿Pero Lance no era el Campeón de la Liga? –Le interrumpió Kevin-.
- Sí, pero se presentó para presidente y salió elegido. Es fácil tener un alto cargo en la política si tienes fama como entrenador pokémon. No debería ser así, pero…
- Entonces puedes ser Campeón y no ser presidente y viceversa, ¿no?
- Exacto, no tiene nada que ver una cosa con la otra, pero es algo muy común. Por ejemplo, muchos cargos de ministros están ocupados por actuales y antiguos Élite Fours.
- ¡Como Koga! –dijo Kevin-.
- Sí, Koga es el ministro de Medio Ambiente; Lorelei es la ministra de Cultura; Bruno el de Defensa; Karen, la nieta de la difunta Élite Four Agatha, es la ministra de Asuntos Interiores; y Mento es el de Exteriores.
- Vaya… ¿Y el Team Rocket? –preguntó Steve-. ¿No se presenta a las elecciones? Sería una buena idea para llevar a cabo sus planes de mierda.
- Hace tiempo sí que se presentaba y lograba más votos en cada elección, pero acabó ilegalizado por supuestos atentados con pokémon.
- Pues es lo mejor que pudieron hacer –opinó Steve-, son unos cabrones.
- Bueno, desde que lo ilegalizaron han multiplicado sus atentados, así que no sé qué habría sido mejor…

En ese momento llegó la camarera con el primer plato y comenzaron a comer, pero siguieron hablando.
- Lance es muy querido por los ciudadanos de ambas regiones –dijo Cris-, pero en Hoenn, otro país que se encuentra más allá del mar al norte de aquí, no pasa lo mismo. Allí se impuso un régimen comunista dirigido por el Campeón, un tal Máximo, que se apoya en la Élite Four para gobernar de forma igualitaria. El problema es que Hoenn es una región muy rica y mucha gente se lamenta de no poder explotarla por culpa del régimen comunista, así que independientemente de lo acertado que sea ese tipo de gobierno, la verdad es que no es muy popular.
- ¿Allí tampoco hay oposición? –Preguntó Kevin-.
- Sí y no, a ver, hay dos grupos que se autoproclaman medioambientales, pero que van ganando cada vez más poder político proporcionado por los ciudadanos disgustados. Son el Team Magma y el Team Aqua.

Los tres continuaron hablando sobre política y otros temas hasta que terminaron de comer y Kevin se fue a retar a Brock.

- Bueno, os veo a las 6 y media en el centro pokémon.
- Perfecto –respondió Steve-, que tengas suerte en el combate.
- ¡Sí!, hasta luego Kevin –dijo Cris mientras le guiñaba un ojo-.

Como tenían tiempo de sobra, Steve y Cris fueron a hacer turismo por la ciudad y a comprar algunas cosas. En el museo arqueológico-tecnológico vieron varios fósiles que ni Cris conocía, en la antigüedad habían sido unos pokémon llamados lileep y anorith.

- ¿No los conoces? Pues yo sí –dijo Steve riéndose-.
- ¿Ah sí? ¿Y eso?
- Bueno, sólo conozco al cangrejillo emplumado, Brock lo usó en nuestra batalla.

También vieron gigantescas piedras lunares y representaciones de naves espaciales destinadas a explorar el espacio. Hacía un par de años se había instalado una plataforma de lanzamiento de cohetes cerca de ciudad Plateada, muy parecida a la de Algaria, una ciudad de Hoenn.

Después del museo fueron a una tienda de entrenadores porque se les estaban agotando las pokéball y las pociones, y a una tienda de ropa en la que Cris se compró un modelito de verano muy guapo con sombrero incluido.

- ¿Qué tal me queda? –le preguntó a su amigo mientras daba una vuelta sobre sí misma-.
- Joder qué cuerpazo… Ehhh ¡sí, te queda estupendo jaja!

Ya eran las 6, así que decidieron volver al centro pokémon, donde ya les esperaba Kevin.

- Hey tío, ¿qué tal en el gimnasio?
- Bien –respondió Kevin enseñando la medalla-. Wooper cayó contra el primer pokémon de Brock, pero bulbasaur terminó el combate él solito.
- ¡Felicidades Kevin! Ahora me voy yo –anunció Cris-, ¡deseadme suerte!

Los dos chicos se despidieron de su amiga y fueron a la cafetería a tomar unos zumos de baya. Había muchísimos en la carta, pero decidieron pedir uno que decía ser dulce y ácido a la vez hecho con jugo de bayas íspero. Estuvieron hablando un buen rato del combate que ambos habían tenido contra Brock hasta que se dieron cuenta de que tendrían que llamar al profesor Oak para contarle todo lo que había pasado.

- Laboratorio pokémon del profesor Oak, dígame.
- ¿Tracy? Somos Steve y Kevin, queremos hablar con el profesor, pásanoslo por favor.
- Ah, hola chicos, enseguida os lo paso.

Tracy salió de la imagen de la videoconferencia para buscar a su superior, quien apareció instantes después dejándose caer torpemente en el sillón que había delante de la cámara.

- Hola, ¿qué tal todo? ¿Ya llegasteis a ciudad Plateada?
- Hola profesor. Sí, estamos llamándole desde el centro pokémon de allí. Nosotros ya tenemos la medalla Roca y Cris está luchando ahora mismo con Brock.
- Enhorabuena chicos, ¿y qué tal en el bosque Verde?

Steve y Kevin le contaron todos los sucesos ocurridos en el bosque Verde y Oak pareció bastante preocupado. Comenzó a hablar con una voz leve y cansada.

- Maldito Team Rocket, siempre igual de violentos. No les importa destruir vidas con tal de conseguir sus propósitos. Están locos. Ya habéis metido a seis de sus secuaces en prisión, por lo que os buscarán hasta encontraros. El Team Rocket no perdona así como así… Tened mucho cuidado, chicos.
- Lo tendremos profesor –dijo convencido Steve-, ahora soy mucho más fuerte, charmander evolucionó en el combate contra Brock y he conseguido un heracross.
- ¿Ya te ha evolucionado? Normalmente suelen tardar más, se ve que lo has entrenado mucho.
- Sí, un poco –dijo sonriendo Steve-. Bueno, le tenemos que dejar, si sucede alguna otra cosa relevante le llamaremos, no se preocupe.
- De acuerdo, hasta la próxima.
- ¡Adiós profesor!

Colgaron y esperaron a Cris tirados en unos sofás de la sala de espera del centro pokémon. Finalmente vieron entrar una figura femenina por la puerta del edificio.

- ¡Cris! –Le llamó Kevin- ¿Conseguiste la medalla?
- ¡Sí, sólo tuve que usar a squirtle! Le costó un poco, pero ganó a los dos pokémon que utilizó Brock.
- Cojonudo –dijo Steve-. ¿Vamos a celebrarlo?

Sus amigos estuvieron de acuerdo con la idea y los tres se fueron de marcha por ciudad Plateada. Si de día el reflejo del sol en las metalizadas plazas y calles la hacían maravillosa, por la noche cientos de luces acentuaban el efecto dando una imagen preciosa de la ciudad.

Fueron de bar en discoteca disfrutando todo lo que podían. Steve vio a Kevin intentando ligar con una tía unos cuantos años mayor que él que no le hacía ni caso. Le divirtió ver que su amigo estaba un poco borrachillo y pretendía impresionar a la chica intentando hacer rodar la pokéball de bulbasaur en su dedo índice, pero le salía mal y se agachaba todo el rato para recogerla del suelo.

Mientras tanto Cris no perdía el tiempo y Steve a menudo acudía para liberarla de babosos que se le acercaban con no muy puras intenciones.

A las 2 volvieron al centro pokémon bastante contentillos y, a pesar de la insistencia de Kevin en llamar a un chansey para que acertara con la llave en la cerradura de su habitación, pudieron hacerlo ellos solos y cayeron rendidos en sus respectivas camas sin ni siquiera desvestirse.

Unas horas antes, una llamada rompía el silencio del siniestro despacho del jefe del Team Rocket.

- Espero que sea algo importante –dijo justo antes de coger el auricular-. ¿Sí?
- Jefe, aquí el administrador rocket responsable de la brigada de ciudad Plateada. Hemos pinchado la línea telefónica del centro pokémon, tal y como nos ordenó.
- ¿Y?
- El chico que hizo que la misión “Captura ígnea” fracasara se llama Steve.
- Eso ya lo sabía, ¿algo más?
- Sí –respondió apresuradamente el oficial rocket, consciente de que no debía defraudar a su jefe-, viaja con dos chicos de su edad y sabemos que tiene un heracross y un charmeleon. También es amigo del profesor Oak y ha conseguido una medalla.
- Buen trabajo, continuad alerta hasta nuevas órdenes.
- Sí, señor.

El mandamás del Team Rocket colgó y se inclinó hacia atrás en su sillón poniéndose cómodo.

- Vaya vaya, Steve, parece que te has hecho todo un entrenador. Espero que Karl y Jason realicen satisfactoriamente su misión. Tenemos mucho de qué hablar.

Mewone - April 10, 2006 01:27 PM (GMT)
11. Encuentro recompensado

A la mañana siguiente, Steve estaba durmiendo con las sábanas enrolladas en una pierna y con la otra colgando. Un haz de luz se deslizaba hasta la cama a través de la ventana de su habitación, lo que hizo que despertara y gruñera enroscándose la cabeza en la almohada.

- Qué corta es la noche –dijo mientras dejaba escapar un pastoso bostezo-.

Había decidido volverse a dormir cuando alguien comenzó a dar golpes en la puerta.

- ¡Steve despierta! ¡Ya son las 12!
- ¿Las 12? –Exclamó sorprendido Steve- Joder, ¡ya voy!

Tenían media hora para llegar al entierro de Garet. La juerga de la noche anterior le había pasado factura y se había quedado dormido. Rápidamente saltó de la cama y se puso las zapatillas y la chaqueta para salir pitando al baño comunitario a peinarse. En el pasillo le esperaban Kevin y Cris que ya estaban preparados.

- Hola –saludó atropelladamente Steve mientras andaba en dirección al baño-, ¿qué tarde no? Bueno ahora mismo estoy, esperadme en el vestíbulo.
- ¡Date prisa que llegamos tarde!
- No tiene remedio –dijo Cris sonriendo mientras su amigo se alejaba-.

Al final llegaron a tiempo al cementerio, aunque Steve tuvo que tomar el desayuno por el camino. Había mucha gente sentada en sillas que se habían colocado alrededor del ataúd del guardabosques. Destacaban dos hombres con trajes negros de la primera fila que mantenían una actitud muy seria y parecían causar murmullos entre la multitud. Uno de ellos tenía el pelo de color marrón tan encendido que parecía fuego y era más alto que el otro, que lucía un peinado similar en su negra cabellera. Cris les miró y ahogó un gritito.

- ¡Son Lance y Koga! –Susurró a sus amigos- Se ve que esto ha sido considerado un atentado de carácter nacional.
- ¿En serio? –preguntó incrédulamente Kevin-.
- ¡Pues claro! Les he visto en libros y en la tele lo suficiente como para reconocerlos –a Cris le brillaban los ojos mientras hablaba-. ¡Qué bueno está Lance!

Steve no supo porqué pero protestó ante ese último comentario.

- ¡Pero si te saca unos quince años!

Cris iba a responderle pero no lo pudo hacer porque en ese momento todo el mundo se calló y se levantó de las sillas mirando a un sacerdote que se aproximaba al ataúd para iniciar la homilía.

Fue una ceremonia bastante emotiva para tratarse de un entierro. Algunos de los presentes salieron de entre la multitud entre sollozos y otros lloraban en silencio con lágrimas surcando sus mejillas. Lance y Koga seguían con sus frías expresiones, al igual que la mayoría de los asistentes.

Finalmente la ceremonia terminó y la gente se dirigió a la salida del cementerio. Los chicos también se encaminaron hacia allí, pero vieron que Lance les hacía un gesto con la mano y se acercaba a ellos, así que se detuvieron. Cris no sabía a dónde mirar y estaba muy nerviosa.

- Hola –saludó el hombre con una leve sonrisa en su cara-, ¿sois Steve, Kevin y Cris?

Los chicos le devolvieron el saludo y asintieron preguntándose qué hacía alguien tan importante como Lance hablando con ellos. Kevin le miraba con la boca ligeramente abierta, Cris seguía medio frenética y soltaba intermitentes risitas y Steve le miraba fijamente con una actitud ligeramente arrogante.

- Soy Lance, presidente del gobierno de las regiones de Kanto y Johto. Como titular de ese cargo os doy las gracias por todo lo que hicisteis en el bosque Verde y os lo quiero agradecer personalmente.

Metió la mano en un bolsillo interior de su chaqueta y sacó tres pokéball que lanzó con cuidado dejando ver unos objetos ovalados de diferente tamaño y apariencia. El más grande era de color blanco con marcas azules en forma de aros. Los otros dos eran de un tamaño similar y de color verde, pero se diferenciaban en las marcas. Uno las tenía en forma de rombo con los lados curvados y de color negro mientras que el otro las tenía de distintas tonalidades de marrón, con matices naranja oscuro y amarillo y sin forma definida; era con diferencia el más raro de los tres.

Steve parecía extrañado.

- ¿Huevos?
- Exacto. Si los lleváis fuera de una pokéball al cabo de un tiempo nacerá un pokémon de ellos. Yo sé que especie contiene cada uno, pero es mejor que lo descubráis a su debido tiempo.

Lance procedió al reparto de los huevos. A Cris le dio el blanco, a Kevin el verde con manchas negras y a Steve le tocó el rarito.

- El tuyo –dijo Lance mirando a Steve- es un pokémon de importación procedente de la lejana región de Hoenn. Es muy poderoso, aunque no tanto como los de tus compañeros. Te corresponde éste porque ya has recibido un pokémon como recompensa por la administración municipal.

Los chicos le dieron las gracias y guardaron los huevos en sus mochilas. Steve se molestó un poco por haber recibido el peor huevo, pero reflexionó y se dio cuenta de que heracross era un muy buen pokémon y que no le importaba tener el peor de los tres.

- Ahora, como entrenador os he de decir que os costará entrenar a estos pokémon cuando nazcan, pero cuando lo hagáis muy pocos os podrán hacer frente. Os serán muy útiles contra el Team Rocket.

Lance miró a la salida del cementerio donde Koga estaba siendo interrogado por una avalancha de periodistas de todos los medios de comunicación y volvió a hablar.

- Tengo que ir a rescatar a Koga –dijo pícaramente-. Os deseo suerte en vuestro viaje. Quizás algún día nos encontremos y podremos luchar. ¡Hasta luego chicos!

Los tres se despidieron de él y vieron como se acercaba hasta su colega. Dio un par de aclaraciones a los reporteros y sacó un gran pokémon anaranjado y bípedo en el que se montó para alejarse volando. Koga le imitó y se subió a un enorme murciélago con cuatro alas que en breve alcanzó al pokémon de Lance y se perdieron en el horizonte.

Los presentes quedaron asombrados por la triunfal y elegante marcha de ambos entrenadores y todos los que tenían cámaras de vídeo o de fotos lo plasmaron para la posteridad. Pokémon como esos no se veían todos los días. Cris se dirigió a sus amigos sonriendo.

- Se nota que son el Campeón de la Liga y un Élite Four, ¿eh?

Mewone - April 15, 2006 05:04 PM (GMT)
12. Luna, lunatone y piedra lunar

Steve miraba el difuso horizonte propio del atardecer mientras saboreaba un suculento bocadillo de tortilla. Después del entierro de Garet y de haber comido algo se habían internado en la rocosa ruta que unía ciudad Plateada con el monte Moon, ruta en la que entrenaron intensamente a sus pokémon haciéndolos luchar contra los de otros entrenadores que poseían débiles criaturas como rattata, spearow o jigglypuff.

- Estoy destrozado –se quejó Kevin justo antes de echarse en el suelo-. ¡Se está tan bien aquí tirado!
- Pues a mí aún me quedan fuerzas para llegar a ciudad Celeste –dijo Steve-. Creo que saldré luego a cazar al monte Moon, dicen que hay pokémon que sólo se dejan ver por la noche y no puedo desperdiciar esta oportunidad.
- Pues tú ya tienes un pokémon más que nosotros –señaló Cris-, necesitamos coger alguno nuevo urgentemente. Si al menos hubiera conseguido ese pikachu…

Un par de horas antes, una chica que les retó envió un pikachu al que venció el pidgey de Cris a pesar de tener debilidad de tipo. Cris no pudo resistir los encantos de pikachu y quiso cambiárselo a la chica por su pokémon pájaro, que había crecido ligeramente y parecía estar a punto de evolucionar, pero la chica no tenía ningún interés en pidgey y se fue llorando con su debilitado pokémon eléctrico en brazos.

- Ya son las 10 –anunció Kevin-, me voy a la cama.

Sus dos amigos le imitaron y entraron en el centro pokémon ubicado a la entrada del monte Moon, que era más rústico y de menor tamaño que los de ciudad Verde y ciudad Plateada. Justo antes de entrar en su habitación, Steve se dirigió a sus amigos.

- Bueno, voy a dormir un rato y a las 4 o a las 5 me iré al monte Moon. Os esperaré en la salida, ¿vale?
- Vale –respondió Kevin bostezando-, que captures muchos pokémon.
- ¡Buenas noches Steve!

Los tres entraron en sus respectivas habitaciones y cerraron las puertas. Steve configuró su pokenav para que le despertara a las 4 y se tumbó en la cama esperando que le llegara el sueño…

- ¡Pip-pip, pip-pip, pip-pip!
- Argg qué sueño...

Steve apagó el despertador del pokenav y se levantó de la cama frotándose los ojos. Miró por la ventana y comprobó que era completamente de noche, la oscuridad impedía ver nada que estuviera más allá de diez metros del centro pokémon, que era hasta donde llegaba la luz que escapaba por la puerta corredera de cristal y las ventanas de la recepción. Nunca se había despertado tan pronto. Tomó unas galletas como desayuno, si comer a esas horas se le podía llamar así, y salió del edificio linterna en mano.

Encontrar la entrada al monte Moon no fue precisamente fácil, así que no quería ni imaginar lo que sería orientarse dentro de él, donde no llegaba la luz de la luna llena que segundos antes había aparecido de detrás de unas nubes. Estaba pensando en eso cuando se le ocurrió una idea.

- ¡Adelante charmeleon!

El pokémon de fuego salió de la pokéball alumbrándolo todo durante un momento. Después del fulgor inicial propio de su característica shiny la iluminación disminuyó, pero gracias al fuego que ardía permanentemente en su cola Steve podía ver mucho mejor que sólo con su linterna.

- Vamos a buscar pokémon raros y a cruzar esta cueva, ¿de acuerdo?

Charmeleon gruñó en señal de asentimiento y comenzó a andar un metro por delante de su amo, quien decidió no seguir ningún rumbo y perderse por las profundidades del monte Moon; cuando quisiera salir ya miraría el pokenav. A veces salían de los túneles y llegaban a hondonadas rodeadas de paredes de roca blanquecina iluminadas por la luz de la luna.

Estuvieron andando en silencio un buen rato, sin ver nada más relevante que unos zubat dormidos a los que Steve prefirió no despertar. Pero las cosas cambiaron cuando llegaron al tercer cráter, donde vislumbraron un grupo de pokémon bípedos de cortas patas y color rosa pálido que daban saltitos en círculo alrededor de otro pokémon con forma de luna creciente y de un color inapreciable debido al aura azulada que cubría todo su cuerpo. De este último pokémon destacaban sus ojos, de un color rojo brillante.

Steve sacó la pokédex para comprobar la identidad de esos pokémon.

- “Clefairi, pokémon normal. Este pokémon sólo habita el monte Moon y es muy difícil de ver. Las noches de luna llena salen al exterior para jugar y danzar. Se ha comprobado que mantienen un culto especial a la luna.”
- Qué suerte –se alegró Steve en voz baja-, justo hoy hay luna llena y voy a capturar a todos esos clefairi.

Ya iba a salir de su escondite entre las rocas cuando la pokédex sonó de nuevo.

- “Lunatone, pokémon roca-psíquico. La primera vez que se vio a este pokémon fue en el cráter de un meteorito, por lo que se piensa que procede del espacio. Es poseedor de poderes psíquicos que utiliza para levitar continuamente.”
- Ah, me olvidaba del otro. ¿Con que un pokémon psíquico eh? Ése es prioridad. A ver, necesitamos un plan para alejar a los clefairi, que nos superan en número. Tú te encargarás de eso –le dijo a charmeleon-, lánzales unas ascuas y huye hacia los túneles. Cuando sneasel y heracross hayan acabado con lunatone iré a buscarte.

Charmeleon siguió el plan de su entrenador y lanzó el ataque de fuego que pilló desprevenidos a algunos clefairi y logró debilitarlos. Los que no fueron alcanzados por las ascuas se dirigieron al túnel por el que charmeleon acababa de entrar para perseguirle. Cuando todos desaparecieron, Steve se plantó delante del pokémon psíquico y lanzó unas pokéball que lograron atrapar a los clefairi debilitados sin oponer apenas resistencia.

- ¡Sneasel, heracross, adelante!
Ambos pokémon surgieron lanzando un grito de guerra y se colocaron en posición de combate, esperando órdenes. Mientras tanto lunatone permanecía pasivo flotando en el lugar donde Steve le vio cuando llegó.

- ¿No se mueve? A ver si va a resultar un pokémon inútil… ¡Heracross derribo!

El pokémon bicho salió volando a toda velocidad en busca de su rival, pero justo cuando iba a impactar se frenó de golpe. La pokédex indicó que lunatone había realizado el ataque reflejo. Heracross parecía confuso. Intentó repetir el derribo, pero fracasó de nuevo al verse suspendido en el aire envuelto por un aura azulada igual que la que rodeaba al pokémon psíquico.

- ¡Pero qué demonios! ¡Heracross baja de ahí!

Pero el escarabajo pokémon no podía reaccionar y fue impulsado con una fuerza tremenda contra la pared rocosa haciendo que saltaran piedrecitas. Esta vez había sido un ataque psíquico.

- ¡Ánimo heracross, levántate! ¡Sneasel, garra metal!

Heracross intentó volver al combate pero estaba debilitado, el ataque psíquico le había impactado seriamente al tener ventaja sobre su tipo lucha. Steve no tuvo más remedio que recogerlo y ver cómo se desarrollaba el combate entre sneasel y lunatone.

Sneasel se acercaba a lunatone en zig zag apuntándole con las garras y esquivando ondas psíquicas que le lanzaba su oponente. La pokédex hizo su trabajo:

- “Psicoonda, ataque de impacto de tipo psíquico”.
- Bien sneasel, sigue acercándote evitando que te dé. Usa tu agilidad.

El pokémon de Steve aumentó su velocidad y cuando estaba a apenas dos metros del pokémon rocoso, una psicoonda le acertó de lleno, produciendo un resplandor azulado que impedía ver lo que ocurría.

- ¡¡No!!

Steve esperó a que el resplandor desapareciera temiéndose lo peor. En unos segundos pudo ver a lunatone y… a sneasel, que seguía en pie sin muestras de cansancio ni de dolor y con la joya dorada de su frente brillando más que nunca.

- “Los pokémon de tipo siniestro son totalmente inmunes a los ataque psíquicos.”
- ¡Y me lo dices ahora! – Gritó Steve a su pokédex con una sonrisa de satisfacción en su cara- Cacharro inútil… Esto ya está acabado, ¡haz de una vez la garra metal!

Sneasel se lanzó sobre su atónito y sorprendido rival, que aún no se había movido, y empezó a resquebrajar su rocosa piel con sus brillante y plateadas garras. Lunatone perdió su levitación y calló al suelo, pero aún le quedaban fuerzas suficientes para lanzar rocas de mediano tamaño a sneasel con sus poderes psíquicos. El pokémon siniestro se alejó y pudo esquivarlas, pero una nueva ronda de rocas se le acercaba peligrosamente. Steve obligó a su cerebro a pensar en algo a toda velocidad.

- ¡Finta!

Las rocas atravesaron el lugar donde hasta hacía un par de segundos había estado sneasel y se estrellaron contra la pared. Lunatone giró sobre sí mismo buscando a su contrincante, pero ya era demasiado tarde. Sneasel apareció a su espalda y le golpeó con su siempre útil ataque finta. Sus ojos se volvieron de un rojo mucho más opaco y el fulgor azulado que le rodeaba durante la batalla se esfumó.

- ¡Ahora o nunca!

Steve lanzó una pokéball en la que el pokémon psíquico entró limpiamente. La esfera bicolor se movió bruscamente de lado a lado, pero acabó sellándose.

- Por fin –dijo aliviado Steve a la vez que soltaba un resoplido y recogía la pokéball que contenía su nueva adquisición-, éste ha costado bastante más que los pidgey.

El cráter estaba mucho más iluminado que cuando llegaron, estaba amaneciendo. Devolvió a sneasel a su pokéball no sin antes felicitarle, como hacía siempre, y caminó hacia el túnel por el que había entrado charmeleon perseguido por los clefairi. Pero una vez más la voz del Dexter 4357269 le interrumpió.

- “Piedra lunar. Piedra evolutiva que surte efectos en ciertos pokémon y los evoluciona.”

El chico miró a donde la pokédex estaba apuntando, que era precisamente la parte de la pared donde heracross había chocado impulsado por el psíquico de lunatone. Allí había muchas piedras blancas y de pequeño tamaño.

- Pues me las voy a llevar –dijo Steve con un semblante de entera felicidad-, faltaría más.

Después de guardar las piedras lunares en su mochila se internó en las cuevas de nuevo. Sin la luz del pokémon de fuego era mucho más difícil caminar por allí dentro y Steve avanzaba lentamente intentando distinguir la llama de charmeleon a lo lejos. De vez en cuando encontraba un clefairi debilitado que por supuesto no se libraba del pokéballazo correspondiente. Al cabo de media hora aproximadamente se encontró con su pokémon, que lucía cansado pero sin heridas de batalla.

- ¿Todo bien charmeleon? –le preguntó a su pokémon mientras le acariciaba la cresta en recompensa por su trabajo- Ahora tenemos que salir de aquí.

Charmeleon golpeó el suelo con la cola y gruñó dando a entender que todavía tenía fuerzas para seguir al lado de su entrenador e iluminarle el camino. Steve sacó el pokenav y miró el gps, indicando a su pokémon el camino a seguir. Con la ayuda del avanzado sistema de orientación en poco tiempo llegaron a la salida del túnel en el que se encontraban, pero éste no daba a otro patio del monte Moon, sino a la ruta que desembocaba en ciudad Celeste. Steve sacó a sneasel que era el único pokémon no debilitado que le quedaba y lanzó una tajante orden al aire.

- Sneasel, charmeleon, a entrenar. Aún queda un buen rato hasta que lleguen Kevin y Cris y no pienso desperdiciarlo.

Mewone - April 22, 2006 03:05 PM (GMT)
13. El pokémon rechazado y el ataque en el monte Moon

Kevin y Cris estaban desayunando en el comedor del pequeño centro pokémon, iluminado por el recién despertado sol, cuyos rayos se comenzaban a expandir desde el horizonte oriental por el inmaculado cielo creando una gama de azules de distinta intensidad.

- Estoy que reviento –dijo Kevin echándose hacia atrás en su silla y colocando las manos en su barriga-.
- Es que eres un bestia –respondió Cris mientras reía-, comes como tres personas a la vez. Pero tranquilo, se te pasará andando por el monte Moon.
- No seas mala, déjame reposar un poco anda.
- Steve tiene que estar esperándonos, así que tenemos que salir ya. La próxima vez no te empaches.

Cris se levantó y su amigo comenzó a gimotear, pero también se puso en pie y comenzó a andar en dirección a la salida del centro pokémon. Cuando salieron se encontraron con dos chicos que estaban haciendo un combate pokémon. Por un lado había un pequeño y marrón pokémon cuadrúpedo parecido a un zorro con unos vivarachos ojos negros y una aureola de pelaje claro alrededor de su cuello. Se acababa de lanzar a por su enemigo, que era un armadillo de tamaño similar.

- ¡Un combate! –exclamó Kevin-. Cris, ¿cuáles son esos pokémon?
- ¿Pero tú para qué tienes la pokédex? –le espetó la chica, aunque no parecía enfadada-. El de cuatro patas es un eevee y el otro es un sandshrew.

Mientras hablaban, sandshrew había esquivado el placaje de eevee de un salto y había caído en su espalda, desde donde le arañaba todo el lomo sin que su pequeño rival pudiese hacer nada. El entrenador del eevee gritaba como un energúmeno.

- ¡Haz algo estúpido pokémon! ¿No ves que por tu culpa voy a perder el combate?

El pequeño zorro intentaba enérgicamente quitarse a su tormento de la espalda, instado por las amenazas de su amo. Pero sandshrew se agarraba con todas sus fuerzas, no se soltaba. Y él cada vez estaba más débil, sus fuerzas disminuían cada vez más, hasta que cayó debilitado. El vencedor felicitó a su pokémon y tras recogerlo se largó, pero el derrotado estalló en insultos hacia eevee.

- ¡No sirves para nada! No te mereces un entrenador como yo, ¡me has deshonrado! No te quiero volver a ver.

Y tras estas palabras desapareció por la ruta que llevaba a ciudad Plateada. Cris y Kevin, que lo habían visto todo, se acercaron al debilitado pokémon.

- ¡Pobrecito! Míralo, ha hecho todo lo que estaba en sus manos.
- Ese tío era un cabrón –confirmó Kevin-, es él quien no se merece tener ningún pokémon.
- Pues me lo voy a quedar, me vendrá bien tener otro pokémon más.

Kevin iba a decir que él tenía el mismo derecho a atraparlo, pero vio como Cris lanzaba una pokéball hacia el magullado cuerpo del pokémon y desistió, sabiendo que era demasiado tarde. Eevee apenas se resistió a entrar en la que a partir de ese día sería su nueva estancia.

- No hay tiempo que perder –dijo Cris-, pero tenemos que curarlo. Vamos dentro de nuevo.

Entregaron la pokéball de eevee a la enfermera Joy y esperaron a que fuera revitalizado. Algo que no ocurrió hasta veinte minutos más tarde. Los chicos dieron las gracias a Joy y por fin fueron al monte Moon.

- No se ve nada –dijo Kevin-, menos mal que se nos ocurrió comprar linternas en ciudad Plateada.
- Sí, menos mal que se me ocurrió comprarlas –respondió Cris recalcando el “me”-.

Ya con las linternas encendidas continuaron andando por los oscuros túneles siguiendo las indicaciones de sus pokenav. Todo seguía bastante oscuro y Kevin tropezó con algo.

- ¡Mierda! –dijo mientras se levantaba-. Malditas piedras.

Cris apuntó al suelo con la linterna buscando lo que había hecho tropezar a Kevin.

- Eso no es una piedra –dijo con expresión sorprendida-. Mira.

Cris desenterró el objeto y siguió hablando.

- Las piedras de aquí son blanquecinas o grisáceas y ésta es marrón. Además –dijo palpando el objeto con las manos- tiene formas definidas grabadas. Creo que es un fósil.
- ¡Un fósil! ¿Y de qué pokémon?
- No tengo ni idea, pero en isla Canela hay un laboratorio donde reviven los pokémon a partir de los fósiles. En la época en la que el Team Rocket estaba en la oposición se estuvo a punto de instalar más laboratorios en otras ciudades, pero el plan acabó siendo rechazado.
- A lo mejor hay más fósiles cerca, ¿y si los buscamos?
- Bueno –aceptó la chica-, pero sólo cinco minutos que tenemos prisa.

Cris siguió buscando por el suelo y Kevin dirigió el haz de su linterna hacia la pared. Pronto llamó la atención de su amiga.

- ¡Creo que he encontrado más! ¡Mira!
Era cierto, la pared estaba llena de fósiles incrustados que resaltaban ligeramente por su color.

- ¡Hay muchísimos! ¡Vaya descubrimiento!
- Pues yo me los voy a llevar –dijo Kevin-.
- Sí claro –respondió irónicamente su amiga-, ¿en los zapatos?

Con la emoción del momento, Kevin no se había dado cuenta de que los fósiles eran de un tamaño considerable y que no cabría más de uno en su mochila. Así que con actitud resignada guardó el que consideró que estaba en mejor estado y Cris recogió el primero que encontraron.

Siguieron andando por el interior de la cueva apuntando hacia todos los sitios con las linternas, esperando encontrar alguna otra cosa de interés. Asombrosamente, en algunos recodos encontraron clefairi debilitados y aprovecharon para atraparlos.

- Qué cosa más rara, una de dos –explicó Kevin-, o los clefairi están en guerra con otro tipo de pokémon o…
- O Steve ha hecho de las suyas –le cortó su amiga riendo-.

Cuando habían capturado tres clefairi y supuestamente se encontraban cerca de la salida oyeron unos débiles chirridos procedentes del techo.

- ¿Qué ha sido eso? –dijo Kevin apuntando la linterna hacia arriba-.

Cuando el techo quedó iluminado Cris lanzó un grito y se puso detrás de su amigo, había un montón de zubat colgando y parecía que se estaban despertando. Quizás por la luz de la linterna de Kevin y el grito de Cris, uno de los murciélagos se soltó y todos los demás siguieron su ejemplo, produciendo un eco de batir de alas por todo el túnel.

- ¡Corre!

Cris y Kevin se lanzaron a la carrera con la bandada de zubat a sus espaldas. Tenían que llegar a la salida cuanto antes, la luz no les sentaría muy bien a sus perseguidores y en un espacio abierto podrían combatirlos mejor. Ya veían la luz del final del túnel, sólo un poco más…

- ¡Squirtle, pidgey, eevee, adelante!
- ¡Wooper, bulbasaur, a luchar!

Ya estaban fuera de esa endemoniada cueva, y momentáneamente a salvo detrás de sus pokémon. Los zubat les superaban ampliamente en número, pero los pidgey de la ruta 1 también eran muchos más y no les supusieron ningún problema.

Al salir al exterior y ser azotados por la luz solar, los zubat parecieron frenarse ligeramente, pero estaban demasiado furiosos por haber sido despertados tan bruscamente como para darse la vuelta. De inmediato se enzarzaron en una batalla contra los cinco pokémon de los chicos.

Squirtle y wooper repitieron la táctica que usaron en la ruta 1 y colocándose espalda contra espalda lanzaban agua a presión contra la nube informe de color azul que formaban los zubat. Por orden de su nueva entrenadora, eevee corría de un lado a otro dispersando a los zubat para hacerlos más vulnerables. Si no estaban en grupo se debilitarían con más facilidad. Cuando alguno se le acercaba, eevee hacía un ataque rápido para lanzarlo al suelo y rematarlo con un placaje. El desdichado bulbasaur de nuevo estaba en una preocupante desventaja de tipo y atizaba con su látigo cepa a los murciélagos, pero también recibía muchos golpes. Aunque quizás el que estaba en peor situación era pidgey, que se enfrentaba a muchísimos zubat en el aire lanzándoles pequeñas ráfagas de viento mientras volaba todo lo rápido que podía haciendo cambios de dirección a menudo para evitar los ataques de sus rivales.

Los zubat iban cayendo poco a poco, pero los pokémon de los chicos estaban cada vez más cansados. Bulbasaur lo estaba pasando bastante mal y Cris mandó a eevee ayudarle con un movimiento especial llamado refuerzo. En cuanto lo hizo, bulbasaur pareció revitalizado y lanzó un torbellino de hojas afiladas hacia un grupo de zubat haciéndoles cortes en las alas e impidiéndoles volar. Una vez en el suelo wooper y squirtle se ocupaban de terminar el trabajo.

Cuando parecía que la batalla se estaba inclinando a favor de Cris y Kevin algo extraño pasó. Wooper se separó de squirtle y con pasos tambaleantes lanzó a eevee un potente disparo de lodo por la espalda que le debilitó.

- ¡Wooper! –exclamó asombrado Kevin- ¿Qué estás haciendo?
- ¡Los zubat le han dado con un ataque supersónico! –Explicó Cris a la vez que metía a eevee en su pokéball-. Ahora está confuso y durante un rato no sabrá quienes son sus verdaderos enemigos. Lo mejor es que lo retires del combate.

Kevin siguió el consejo y recogió a wooper. Con la distracción del momento, Cris no se había fijado en el ataque a la desesperada que los zubat habían realizado sobre pidgey, quien sin ninguna orden a seguir intentó defenderse con un tornado que no logró crear a tiempo y cayó al suelo completamente debilitado. Sólo quedaban en pie squirtle y bulbasaur, rodeados de numerosos zubat que intentaban acercarse para ejecutar sus ataques chupa vidas y mordisco. No durarían mucho, los ataques de bulbasaur sin el refuerzo de eevee no hacían apenas efecto en lo