1. ¿Qué más puedo pedir?
By Mewone
Damon Dylan vibraba lleno de emoción mientras en la pantalla de su televisor se sucedían los últimos momentos de la final de béisbol de la liga de Kanto. Su barriga cervecera temblaba debido a su agitada respiración, producto de la situación actual del partido: su equipo iba una carrera por detrás de sus rivales y sólo quedaba un jugador por batear. Por fortuna, tenían uno más situado en la primera base.
- ¡Vamos Gyarados!
Todos los equipos habían acogido la costumbre de llamarse con el nombre de un pokémon, y el suyo eran “los Gyarados”. Dicho pokémon era una enorme serpiente marina poseedora de un formidable poder destructivo, y a Damon le parecía estupendo que su equipo se identificara con él. Los rivales eran los Pikachu, un pokémon al que Dylan tenía bastante tirria desde que era un niño.
La estrella del equipo se disponía a batear para conseguir la victoria o, por lo menos, empatar el partido y forzar una entrada adicional. Se colocó en el cajón, flexionó las rodillas, se puso en posición y se concentró en la pelota agarrada por el pitcher rival. Por desgracia, estaba tan absorto en el movimiento de su brazo que calló en una finta a la que siguió el verdadero lanzamiento. Strike one.
- ¡Por ho-oh, pero qué malo eres! ¡¡Joder, vamos!! –Gritó exaltado Damon llevándose las manos a sus alborotados y oscuros cabellos y descubriendo que necesitaba un corte de pelo-.
El bateador tenía dos oportunidades más y ya estaba preparado para intentar una de ellas. Esta vez el lanzamiento fue directo, sin parafernalias previas. Quizás el pitcher pensó que el jugador de los Gyarados esperaría una nueva finta, pero no fue así. Balanceó con fuerza el bate acompañando el movimiento con su cuerpo y logró pegar a la pelota, aunque no tan fuerte como le habría gustado. Sin embargo, al instante soltó el objeto que tenía entre las manos y salió corriendo a toda velocidad.
- ¡Sí, sí, sí! ¡Venga!
Un defensa de los Pikachu corrió hacia la pelota mientras los demás se colocaban en distintas posiciones del campo, preparados para eliminar a los dos jugadores de los Gyarados con posibilidades de hacer carrera. Cuando el atacante más adelantado estaba unos pasos por delante de la segunda base, la pelota ya estaba en las manos del defensa, quien la lanzó hacia la tercera base lo más rápido que pudo. Afortunadamente el corredor llegó antes que la pelota y siguió su sprint hacia su meta para empatar el partido. Damon estaba de pie con las manos en la cabeza mirando la pantalla sin parpadear.
- ¡Raymond para Davis…! –Anunció con emoción el comentarista mientras la pelota se dirigía a la última base para eliminar a los dos corredores- ¡¡Y ya está, se acabó el partido!! ¡¡¡Los Pikachu son los campeones de la liga nacional de béisbol de Kanto!!!
- ¡¡Malditos hijos de perra!! –Gritó Dylan fuera de sí, justo antes de apagar la televisión con el mando-. ¡¿Es que nunca vamos a ganar nada?!
Lamentándose para sí mismo de lo triste que era su vida se dirigió al baño mientras arremetía a puñetazos contra las paredes. En paro, soltero, y sin liga. ¿Qué más podía pedir?
Justo cuando estaba vaciando su vejiga, su teléfono móvil empezó a sonar.
- Joder… ¡Ya voy, ya voy!
A toda prisa salió del baño y contestó con voz irritada.
- ¡¿Sí?!
- ¿Damon? ¡Soy yo! ¿Qué tal estás?
- Ah, hola Eddie…
Era su hermano pequeño, que vivía junto con sus padres en la región de Hoenn, más concretamente en ciudad Férrica. La fortuna le había acompañado más que a él y tenía un buen puesto en Devon, la empresa de productos pokémon más prestigiosa de todo el país, sólo comparable a Silph.
- ¿Qué pasa? –Preguntó Damon sin apenas cambiar el tono de su voz-.
- Pues papá… Que ha tenido una recaída y está bastante mal, no sé si saldrá de ésta.
Su padre había sufrido un ataque al corazón poco tiempo atrás y desde entonces su salud había sido bastante frágil.
- Mierda… Lo que me faltaba.
- ¿Pasa algo malo? –Inquirió preocupado Eddie-.
- No, déjalo. Esta noche cojo un avión para allá.
- Vale, pues mañana nos vemos…
- Adiós, Eddie.
- Hasta maña…
Damon colgó antes de que su hermano terminara su despedida. Controlándose con todas sus fuerzas para no arremeter de nuevo contra la pared, esta vez con la cabeza, se encaminó a hacer su maleta. Mañana sería un día muy largo.
2. Crisis vital
.Teri
La verdad es que Damon no había dormido nada bien por la noche. Pese a que le fastidiaba bastante tener que ir a ver a su padre en el fondo estaba preocupado con él. ¿Cómo estaría en estos momentos críticos? Damon sintió un poco de vergüenza por quejarse de su padre que estaba malo.
Damon, se dirigió al aeropuerto tratándose de arreglar el pelo que tenía como estropajo...El problema era el taxista, que le exigía a Damon propina:
-¿Qué te tengo que dar propina? ¡Pues sube ahí, encima del coche y bailas en pelotas tío exigente!
-¡Pero qué co...! - el taxista no llegó a terminar su frase ya que vino la policía y, por suerte controlaron la situación antes de que se volviese una pelea. Refunfuñando, Damon se fue dentro del aeropuerto. Y sin problemas, Damon se metió en el avión.
-¡Mira por dónde vas! ¡¡Wailord!!- gritó Damon a una señora gorda adinerada que estaba empujando a los pasajeros, como si ella tenía más preferencia que las demás personas que estaba buscando su sitio en el avión.
-¡Grosero...!¡Hum!-dijo ella ladeando la cabeza y con una postura orgullosa.
Pese a eso, el viaje fue muy tranquilo y Damon se quedó absorto en sus pensamientos, recordando como se estaba preparando con ilusión para ser médico en la universidad, con sus amigos...y que quería irse a Kanto para vivir y ejercer su profesión, y tener una familia. Pero la realidad fue más bien distinta: Estaba en paro porque, para su sorpresa, había un exceso de médicos en la región de Kanto, igual que en Johto y Hoenn. Aparte, no tiene mujer, ni hijos, ni siquiera dinero...en pocas palabras: Era un fracasado de la vida.
Cuando Damon llegó a ciudad Férrica , cogió un autobús que llevaba directo a la casa de sus padres. Damon vió una ambulancia que iba hacia el hospital de ciudad Férrica, y no presenció nada bueno...
Cuando este llegó a casa de sus padres, y llamó a la puerta, pero para sus sorpresa no había nadie. Entonces como una especie de pánico inundó su corazón: ¡La ambulancia venía de la casas de sus padres!
-¡Doctor! ¡Tenemos un problema! Se ha recuperado del corazón, pero tenía un cáncer de pulmón que ha hecho metástasis en el hígado y en el cerebro y su estado está muy grave.
-¡¡Rápido!! ¡¡Hay que operarlo con urgencia!! No le queda mucho tiempo de vida... - dijo el doctor asustado y desesperado...